La música ha acompañado a Mónica Belén Del Cid desde su infancia, pero fue en febrero de 2023 cuando decidió asumir el canto lírico con una preparación técnica y vocal más rigurosa. Desde entonces, la soprano hondureña ha construido una trayectoria marcada por la disciplina, el aprendizaje y el deseo de llevar su voz a nuevos escenarios. Actualmente, como solista de la Orquesta Filarmónica de San Pedro Sula, se prepara para formar parte de una presentación histórica en el Carnegie Hall de Nueva York.
Antes de ese esperado encuentro internacional, Del Cid participará el próximo 10 de noviembre en el concierto de recaudación de fondos que permitirá concretar el viaje de la orquesta. En esta entrevista habla sobre los desafíos de formarse en el canto lírico desde Honduras, la responsabilidad de representar al país en una sala de reconocimiento mundial, los exigentes preparativos para interpretar el repertorio y un sueño que espera hacer realidad: fundar una Casa de la Ópera para descubrir y desarrollar nuevas voces hondureñas.
La música ha sido una parte fundamental de su vida desde la infancia y, con el paso de los años, el canto lírico se ha convertido en su principal expresión artística. ¿En qué momento comprendió que su talento podía transformarse en una carrera profesional y qué ha significado para usted construir ese camino en Honduras?
Definitivamente, y casi sin haberlo planeado, la música se ha convertido en una parte esencial de mi día a día. Hoy no puedo imaginar mi vida sin ella.
En febrero de 2023 tomé la decisión de iniciar una formación técnica y vocal más rigurosa, bajo la guía de un maestro especializado en canto lírico. En aquel momento, quizá no imaginaba los escenarios ni las oportunidades a los que la música me llevaría. Mi única motivación era el profundo deseo de perfeccionar mi técnica y alcanzar la excelencia en lo que más disfruto hacer, que es cantar.
Construir este camino desde Honduras ha sido una experiencia profundamente enriquecedora, pero también un reto que me ha impulsado a trabajar con disciplina, constancia y mucha pasión. He comprendido que el talento es apenas el punto de partida y que la verdadera transformación ocurre cuando decidimos prepararnos y comprometernos con nuestros sueños.
Además de su formación vocal con el maestro Bernardo Villalobos, ¿cuáles considera que han sido los mayores retos de prepararse para el canto lírico en un país donde este género todavía busca conquistar nuevos públicos y espacios?
Uno de los mayores retos ha sido, sin duda, el acceso a una formación vocal de calidad. La preparación en el canto lírico requiere una inversión económica considerable, además de disciplina, constancia y una gran organización personal. En mi caso, ha sido un esfuerzo sostenido que he asumido con mucho compromiso, pero como artistas desearíamos que más personas en Honduras tuvieran acceso a estas mismas oportunidades de formación y desarrollo.
Por otro lado, considero que uno de nuestros grandes desafíos es acercar la ópera a nuevos públicos. Para algunos puede ser un gusto adquirido, pero creo firmemente que no se necesitan conocimientos musicales profundos para disfrutarla, únicamente la disposición de escuchar y sentir.
La ópera es un arte que nos habla directamente al corazón. A veces, sin siquiera comprender el idioma en el que fue escrita un aria, sus melodías son capaces de contarnos historias de amor, esperanza, dolor y tragedia. Hay emociones universales que nuestras almas reconocen de manera instintiva, y esa es precisamente la magia de la música: su capacidad de conmovernos más allá de las palabras.
Actualmente es la soprano solista de la Orquesta Filarmónica de San Pedro Sula. ¿Qué significa para usted representar la voz femenina dentro de esta institución y cómo ha evolucionado su interpretación artística desde que asumió esta responsabilidad?
Es un verdadero privilegio poder compartir escenario con músicos extraordinarios, cuyo talento, disciplina y pasión por la música representan para mí una fuente constante de inspiración. Ser soprano solista de la Orquesta Filarmónica de San Pedro Sula me ha brindado una oportunidad invaluable de aprendizaje y desarrollo artístico, una experiencia que pocos cantantes emergentes tienen la fortuna de vivir.
Con el paso del tiempo, he podido reconocer mi propia evolución sobre el escenario. Cada concierto me deja una enseñanza, me permite descubrir nuevas posibilidades en mi voz y me motiva a seguir superando mis propios límites. Creo que una de las cosas más hermosas de este camino es comprender que, como artistas, nunca dejamos de aprender y que siempre existe una nueva oportunidad para dar lo mejor de nosotros mismos.
El próximo 10 de noviembre participará en el concierto de recaudación de fondos que permitirá a la Orquesta Filarmónica concretar su presentación en el Carnegie Hall. ¿Qué representa para usted formar parte de este proyecto y qué expectativas tiene de este encuentro musical con el público sampedrano?
Lo hago con muchísima emoción y alegría, especialmente al saber que puedo aportar mi granito de arena a un proyecto tan significativo para nuestra orquesta. Poder contribuir a este sueño es, para mí, una pequeña muestra de gratitud hacia una institución que ha sido parte fundamental de mi desarrollo como cantante y que hoy se prepara para conquistar nuevos horizontes.
En cuanto a mis expectativas, sé que será una velada muy especial. El público sampedrano es nuestra casa, ese lugar al que siempre queremos volver. Su cariño, calidez y energía nos envuelven en cada presentación y dejan una huella imborrable en cada uno de los integrantes de La Fil.
Estoy segura de que será un encuentro lleno de emociones, pero, sobre todo, una oportunidad para celebrar juntos este sueño que no pertenece únicamente a quienes estaremos sobre el escenario, sino también a todas las personas que han creído en nosotros y nos han acompañado a lo largo de este camino.
La presentación del 30 de noviembre en el Carnegie Hall marcará un acontecimiento histórico, al convertirse la Orquesta Filarmónica de San Pedro Sula en la primera orquesta centroamericana en presentarse en este prestigioso escenario. Desde su perspectiva como artista, ¿qué significa llevar la música hondureña hasta una sala de reconocimiento internacional y qué responsabilidad siente al formar parte de esta delegación?
Creo que puedo resumirlo en una sola palabra: trascendental.
Tener el privilegio de representar con orgullo nuestras raíces y llevar el talento hondureño a uno de los escenarios más prestigiosos y exigentes del mundo es algo cuya magnitud quizá todavía no terminamos de dimensionar.
Más allá de lo que representa para nuestras carreras artísticas, somos conscientes de que estamos formando parte de un capítulo histórico para la música de nuestro país. Es un honor que asumimos con profunda gratitud, pero también con una enorme responsabilidad: la misión de demostrar que en Honduras existe un talento extraordinario, capaz de alcanzar los más altos estándares artísticos internacionales.
Creo que esta presentación no solo abrirá nuevas puertas para nuestra orquesta, sino que también permitirá que futuras generaciones de músicos hondureños se atrevan a soñar en grande.
Una presentación de esta magnitud también implica preparación, disciplina y una carga emocional importante. ¿Cómo se está preparando vocal y personalmente para este concierto? ¿Hay alguna pieza del repertorio o algún momento de la presentación que represente un desafío especial para usted?
Mente, cuerpo, alma y voz. Es una preparación integral que comenzó hace algunos años y que se ha intensificado con mayor rigor a medida que se acerca esta gran fecha.
Las jornadas incluyen ensayos constantes, sesiones adicionales con mi maestro de canto, ejercicios físicos, una alimentación equilibrada y, por supuesto, procurar un buen descanso, aunque confieso que, con tanta emoción, a veces conciliar el sueño se vuelve un desafío. Todo esto mientras continuamos atendiendo nuestras responsabilidades profesionales y familiares, incluyendo la maravillosa aventura de ser padres de tres hijos en edad escolar.
En cuanto al repertorio, hay una pieza que representa un desafío muy especial para mí: "Salida de Cecilia", de la zarzuela cubana "Cecilia Valdés". Es una obra que exige mucha energía, fuerza interpretativa y expresión corporal. Y, por supuesto, tiene un momento culminante particularmente exigente: un do sobreagudo que debe sostenerse durante varios segundos para lograr un gran final.
Después de haber cantado en escenarios internacionales, incluido el Vaticano, ahora se prepara para sumar el Carnegie Hall a su trayectoria. ¿Qué nuevos sueños tiene Mónica Del Cid como artista y qué le gustaría que las futuras generaciones de músicos hondureños aprendieran de su experiencia en este camino artístico?
Tengo muchos sueños, tanto personales como artísticos, pero hay uno en particular que me ilusiona profundamente: en un futuro no muy lejano, poder fundar una Casa de la Ópera en Honduras, un espacio dedicado a descubrir, formar y desarrollar nuevas voces hondureñas en el campo del canto lírico.
Me encantaría que más jóvenes tuvieran acceso a una formación de calidad, que pudieran descubrir el potencial de sus voces y, sobre todo, que encontraran oportunidades para desarrollar su talento sin sentir que sus sueños están limitados por el lugar donde nacieron.
Y si pudiera dejarles una última reflexión a las futuras generaciones, sería esta: los sueños no son simplemente historias imaginarias que construimos en nuestra mente; son esos anhelos profundos que nos impulsan a levantarnos cada día, a perseverar y a trabajar con determinación para que, algún día, se conviertan en realidad.