Revisando un poco la historia podemos encontrar las respuestas que buscamos en cuanto a lo que sucede en la actualidad.
De ahí lo importante de conocer el pasado, para comprender el presente y proyectarse mejor hacia el futuro.
Uno de los clásicos ejemplos en cuanto a esto es el de los derechos del hombre.
De verdad que causa terror el solo imaginarse cómo se vivía en los tiempos en los que cualquiera podía decidir sobre la vida del prójimo. La época medieval, por ejemplo, cuando bastaba con caerle mal al vecino de enfrente para correr el riesgo de ser acusado de lo que sea que se le ocurriera y terminar en la hoguera. Así de sencillo, así de terrible.
Las cacería de brujas son otro ejemplo que por fortuna ya solo existe entre las páginas de nuestros libros de historia. No es por nada que a la Edad Media también se le conozca como el oscurantismo, porque en serio fue un momento muy oscuro de la humanidad. Un momento en el que no había gran libertad de acción ni de pensamiento.
Volviendo a las “brujas”, en su libro “Nexus”, Yuval Noah Harari hace una pequeña pero intensa recapitulación de los horrores que vivieron las mujeres de ese entonces en ciertas partes del mundo, cuando podían ser acusadas sin prueba alguna de practicar hechicería y ser condenadas a muertes espantosas.
En Londres todavía se conservan las plataformas de madera donde eran exhibidos a un público enardecido y sediento de macabros espectáculos, los presuntos culpables de alterar la ley.
Y bueno, al menos en esos momentos había algún tipo de ley, cuestionable sí, pero ley al fin. Porque antes de eso, en los milenios que antecedieron la venida de Jesús (A.C), la única ley que regía era literal la del más fuerte. Solo podemos imaginarnos el miedo con que vivían los menos favorecidos. Antes de la Revolución Francesa, los derechos del hombre eran únicamente un sueño.
Viendo una película norteamericana ambientada en los años 30, me llamó la atención que en los juicios, el jurado estaba formado por doce hombres, ni una mujer, y claro, pensé: “En esos días, las mujeres no tenían derecho de participar en casi nada”.
Por esto y más, amamos la idea de que el cine repita y repita las injusticias que se han cometido a través del tiempo (esclavitud, genocidios, persecuciones, discriminación, etc). Precisamente para que no se repitan.
Entonces, al conocer las cosas que pasaron antes de nosotros podemos entender las razones y por qué es que el mundo de hoy funciona de la manera que lo hace. También tenemos mucho más cuidado de usar la famosa frase sobre que “todo tiempo pasado fue mejor”.