No cabe la menor duda de que el fútbol es uno de los fenómenos culturales más populares y extendidos de nuestro tiempo. Y es que, a diferencia de otros deportes, no requiere de mucha parafernalia para poder jugarse. Solo se necesita una pelota (casi de cualquier tipo), un espacio (grande o pequeño, no importa) y, sobre todo, las ganas de jugarlo.
La práctica del fútbol puede aportar grandes beneficios al ser humano. Entre ellos podemos mencionar la promoción de la salud física, el fortalecimiento del trabajo en equipo y la formación del carácter. Favorece, además, la inclusividad social y estimula la agilidad mental y la concentración. Estas y otras razones no mencionadas hacen que el fútbol trascienda su dimensión meramente lúdica y se convierta en una importante herramienta para la formación integral de la persona.
Sin embargo, el fútbol también puede tener un lado siniestro. Y esto sucede cuando el deporte deja de ser deporte y se convierte, por ejemplo, en un medio para alimentar la violencia, transformando la rivalidad deportiva en enemistad personal y dando lugar a insultos, agresiones y todo tipo de comportamientos violentos entre fanáticos.
El lado oscuro del fútbol se aprecia, también, cuando los intereses económicos y de poder terminan contaminándolo. Un ejemplo de esto fue el FIFA Gate, un escándalo de corrupción que reveló cómo algunos dirigentes utilizaron su posición e influencia para obtener beneficios personales mediante sobornos y prácticas ilegales.
Otro aspecto peligroso se da cuando algunos futbolistas terminan convirtiéndose en ídolos, a los cuales se les justifica todo y se les defiende a capa y espada, olvidando que solo son deportistas y no, necesariamente, modelos de vida; mucho menos, la razón de nuestra existencia.
En fin, no debemos sobredimensionar este deporte. Como bien dice Alexis Tamayo, alias MisterChip, “el fútbol es solo un evento lúdico, y podemos vivir sin él perfectamente”. Disfrutémoslo en su justa dimensión, evitando que la pasión se transforme en fanatismo, violencia, avaricia o división. Como lo expresara Maradona, “la pelota no se mancha”; debemos cuidar que nuestras actitudes no ensucien este bello deporte.