Muchas personas creen que pueden violar adrede la ley de Dios. Pero las normas divinas no existen para quitarle al ser humano la felicidad o la libertad.
Toda palabra dicha debe ser antes una palabra discernida, es decir, bien pensada. Ya que, como afirma acertadamente Proverbios 21.23: “Quien tiene cuidado de lo que dice, nunca se meterá en problemas”...
¿A quién está culpando de sus propios errores? ¿Sobre quién está descargando sus frustraciones? Muchas veces culpamos a los demás de nuestra ira, frustración, impaciencia o amargura.