Viktor Frankl fue un neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco de ascendencia judía, conocido principalmente por haber desarrollado la logoterapia, una corriente de la psicología centrada en la búsqueda del sentido de la vida, especialmente en medio del sufrimiento. Nació en Viena en 1905 y sobrevivió a varios campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Previo a ser capturado, cuando la persecución alemana en contra de los judíos iba en ciernes, Viktor consiguió un visado para emigrar a los Estados Unidos. Como bien menciona Félix Cortéz, en aquel país no solo eludiría la persecución, sino que tendría un ambiente propicio para desarrollarse profesionalmente. Sin embargo, sus padres no lograron obtener el visado para huir. Esto le planteó a Frankl un enorme conflicto: ¿Debía salvarse y proseguir su carrera o quedarse con sus padres para acompañarlos en medio de la asechanza nazi con la posibilidad de morir?
Según cuenta Viktor, desconcertado, salió a caminar para resolver el dilema. Al regresar a su casa, sin una respuesta clara, encontró a su padre con un pedazo de mármol en la mano. Éste era uno de los escombros que había quedado de una de las sinagogas que fueron quemadas por los soldados alemanes. Frankl notó que el trozo de mármol contenía una escritura hebrea. “¿Qué es lo que dice?”, le preguntó a su padre. “Oh, es uno de los Diez Mandamientos”, contestó el anciano, “y este es: ‘Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra”. Viktor percibió esto como una señal del cielo, así que dejó caducar su visado y se quedó a cuidar de sus padres.
Como era de esperarse, toda la familia fue capturada y enviada a campos de concentración, donde ambos progenitores perdieron la vida. Pese al dolor inconmensurable que le supuso la pérdida de sus seres queridos, Frankl comenta que sintió en su corazón una enorme satisfacción: había hecho lo que tenía que hacer, permaneciendo con sus padres, acompañándolos hasta la muerte.
El apóstol Pablo afirma en Efesios 6:2-3 que el mandato de honrar a los padres es el primer mandamiento acompañado de una promesa: que te vaya bien y tengas larga vida sobre la tierra. Y usted, querido lector, ¿qué hubiera hecho en el lugar de Viktor Frankl?