La pregunta no es si la inteligencia artificial transformará el mundo. Ya lo está haciendo. La pregunta es si nosotros estamos dispuestos a evolucionar al mismo ritmo en nuestra conciencia.
La conciencia no elimina la presión, pero transforma nuestra relación con ella. Nos enseña a hacer desde el ser, a actuar sin perder el centro, a tratarnos con más compasión cuando fallamos.