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Cada 31 de diciembre repetimos el ritual con precisión absoluta: miramos la pantalla del teléfono, contamos desde el 10, alzamos las copas, abrazamos a la familia y sentimos que el mundo, oficialmente, pasó la página. Pero la ciencia, esa amiga que siempre nos explica lo que no vemos, nos recuerda algo curioso: a medianoche del 31, nuestro planeta aún no ha terminado el año... literalmente.