¿Qué es el Arco Este, la vía que busca sacar a las rastras de San Pedro Sula?
Desde 2014, San Pedro Sula arrastra el problema del paso diario de miles de rastras por sus principales vías. El Libramiento Arco Este vuelve a la agenda como una propuesta para desviar el transporte pesado fuera de la ciudad y aliviar el colapso del segundo anillo periférico y el bulevar del sur
- Actualizado: 01 de febrero de 2026 a las 21:00 -
El tránsito de vehículos pesados que se mueve de norte a sur por el segundo anillo se está incorporando a la segunda calle, una vía altamente transitada que está viviendo sus peores colapsos. Las rastras son desviadas debido a obras municipales al bajar por el paso a desnivel de primera calle.
Desde hace más de una década, en el valle de Sula se arrastra una misma discusión: cómo sacar particularmente de San Pedro Sula a las rastras que diariamente la atraviesan rumbo o desde Puerto Cortés. El debate comenzó a tomar forma en 2014, cuando el crecimiento del transporte pesado empezó a rebasar la capacidad vial de San Pedro Sula, incluso en obras relativamente nuevas.
Hoy, unas 20,000 unidades de transporte pesado cruzan la capital industrial todos los días utilizando como principal corredor el segundo anillo de circunvalación y el bulevar del sur, vías que rápidamente quedaron saturadas pese a su corta vida útil. Lo que fue concebido como una solución terminó convirtiéndose en otro cuello de botella, afectando tanto a la logística comercial como a la movilidad urbana.
Actualmente, las rastras ingresan a la ciudad por la CA-5 desde Villanueva, avanzan por el bulevar del sur y se desvían por la 33 calle hasta el estadio Olímpico Metropolitano. Desde ahí se incorporan al segundo anillo periférico, continúan hacia el bulevar del norte y salen rumbo a Choloma y Puerto Cortés.
Todo ese recorrido implica unos 37 kilómetros dentro y alrededor del casco urbano, con tiempos impredecibles y constantes colapsos viales. El segundo anillo ha tenido que ser intervenido por la municipalidad que aplica concreto a la vía, para su mayor resistencia, ya que cada día crece el volumen vehicular pasando por esta arteria vital.
Para retomar la vieja propuesta de sacar el tráfico pesado de la ciudad, el pasado 25 de enero de 2026 la diputada liberal por Cortés, Yasmín Meza, introdujo en el Congreso Nacional el anteproyecto de ley para impulsar el Libramiento Arco Este de San Pedro Sula, considerado el tercer anillo de circunvalación de la ciudad.
La propuesta de Meza contempla una ruta nueva entre Villanueva–San Pedro Sula, con un tramo complementario de 8.55 kilómetros desde el sector de Búfalo hasta el estadio Olímpico, además del trazado principal del Arco Este, que tendría una longitud de 33.8 kilómetros.
En cuanto al inicio del Arco Este, esta nueva vía partiría desde las cercanías de la colonia Suyapa, en el sector Chamelecón, avanzando casi en paralelo al canal de alivio del río Chamelecón —conocido como el Tufoso— entre la colonia Planeta y el aeropuerto Ramón Villeda Morales.
El trazo continuaría hacia las cercanías de la colonia Alfonso Lacayo, donde se construiría un nuevo tramo pavimentado para conectarlo con la carretera a Ticamaya, a la altura de la residencial Real del Campo. Desde ahí, seguiría hacia Choloma, con un puente sobre la quebrada Agua Prieta, desviándose detrás de las residenciales Ciudad Jardín y Las Fuentes, hasta empalmar finalmente en Quebrada Seca, punto donde el transporte pesado saldría definitivamente del área urbana.
Para garantizar la operatividad de esta vía exclusiva para transporte de carga, el proyecto contempla la construcción de ocho puentes y seis intercambios, diseñados para un flujo continuo de rastras sin interferir con el tránsito local. El segundo anillo de circunvalación se convertiría en una vía local.
El planteamiento surge en un contexto en el que el segundo anillo periférico, pese a ser una de las mayores obras viales de San Pedro Sula, ya no se da abasto. La vía, que comenzó a construirse en 1994 y fue habilitada en su mayor parte a finales de 2015, soporta actualmente unos 65,000 vehículos diarios, muchos de ellos de transporte pesado. El volumen vehicular es mayor, dado a que está en los sectores de mayor crecimiento urbano.
Su inversión global rondó los 22 millones de dólares, con fondos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y fue ejecutada bajo la figura de Invest-Honduras.
Aunque el segundo anillo alivió parcialmente el congestionamiento, la presión constante de las rastras terminó por rebasar su capacidad. El Arco Este vuelve así a la agenda pública como una solución largamente postergada para liberar a San Pedro Sula del tráfico pesado que, desde hace años, la mantiene al límite.