La UNAH debe volver a la luz

Ninguna institución llega a la luz si normaliza la sombra de la improvisación, el conformismo o la pérdida de prestigio.

  • Actualizado: 19 de junio de 2026 a las 14:22 -

El QS World University Rankings 2027 no solo debe leerse como un indicador académico internacional; debe leerse como un cuestionamiento directo a quienes hoy rectoran y administran la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Cuando una institución considerada el alma mater del país pierde fuerza en los espacios donde se mide reputación académica, investigación, empleabilidad, internacionalización y calidad institucional, no basta mirar hacia afuera: hay que mirar primero hacia adentro.

La UNAH no es una universidad más. Es la casa histórica del pensamiento hondureño, el lugar donde se han formado generaciones de profesionales, científicos, docentes, servidores públicos y ciudadanos. Por eso, cualquier señal de debilitamiento de su prestigio no puede tratarse como un dato menor, ni como una incomodidad pasajera. Es una alerta nacional.

A quienes hoy conducen la universidad debería preocuparles profundamente este momento. Más aún: debería darles vergüenza institucional que una casa tan apreciada por generaciones pueda verse disminuida ante los ojos del país y del mundo académico. No una vergüenza paralizante, sino una vergüenza responsable, capaz de producir revisión, corrección y reforma.

Una universidad de la dimensión de la UNAH no se defiende con comunicados, ceremonias ni discursos de ocasión. Se defiende con investigación, publicaciones, calidad docente, empleabilidad, gestión académica, transparencia, estabilidad institucional, respeto a su comunidad universitaria e indicadores verificables. La reputación no se fabrica desde una oficina; se gana cuando otros reconocen el valor de lo que una institución hace.

La autonomía universitaria no puede ser escudo para la mediocridad. Debe ser garantía de excelencia. Dirigir la UNAH exige más que títulos, cargos o respaldos internos. Exige trayectoria científica, solvencia ética, experiencia universitaria, madurez emocional e intelectual, visión internacional y capacidad real de transformación.

El llamado también alcanza, con moderación pero con claridad, a los órganos que eligen, supervisan o influyen en la conducción universitaria. La rectoría de la UNAH no puede ser premio, cuota ni experimento. Y al Congreso Nacional, a sus diputadas y diputados, y al Estado les corresponde asegurar el marco legal y presupuestario que la universidad necesita, pero también exigir transparencia, metas, resultados y rendición de cuentas.

Lucem Aspicio significa “aspiro a la luz”. Pero ninguna institución llega a la luz si normaliza la sombra de la improvisación, el conformismo o la pérdida de prestigio.

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