Tras el cierre de las elecciones, más allá de los resultados oficiales, persiste un estado emocional colectivo marcado por el desgaste, la incertidumbre y una sensación de duelo social.
El riesgo se vuelve mayor cuando el ruido coincide con vacíos de información oficial, retrasos del CNE o inconsistencias en el ritmo de ingreso de actas.