San Pedro Sula, Honduras. Norelly Peña se cubre la nariz y frunce el ceño mientras atiende a un cliente que llega a su puesto de venta. Del otro lado, doña Margarita trata de evitar mojarse los pies con las aguas negras y también realizar sus compras con la nariz cubierta por una mano. En su rostro se refleja el desagrado por el mal olor.
Norelly tiene 42 años y desde hace 26 se dedica a vender productos a base de maíz y elotes crudos en el mercado El Rápido. "Ya no soportamos esta situación. Estamos en esta esquina desde las 4:00 de la madrugada y a veces nos vamos entre las 9:00 y 10:00 pm. Son casi 20 horas con este mal olor y entre esas aguas negras", dice la vendedora.
Cada vez que llueve, la situación se complica en esa esquina del mercado El Rápido, porque el agua levanta las tapaderas y las aguas negras convierten en ríos malolientes las calles que atraviesan el sector.
Los derrames de aguas negras en la 6 calle y 6 avenida del barrio Concepción y se han convertido practicamente en parte del ambiente cotidiano de ese lugar.
"En los últimos tres meses la situación ha empeorado. Nosotros ya no aguantamos y los clientes se han retirado por las condiciones en las que estamos acá. Estamos perdiendo y enfermándonos", dice la vendedora.
Norelly es madre de cuatro hijos y pide que se resuelva el problema de las aguas negras, pues ese es su lugar de trabajo y de esos ingresos depende el sustento de su familia. Sin embargo, asegura que no pueden trabajar en las condiciones actuales, entre los malos olores y el pésimo estado de las vías en esa zona conocida como mercado El Rápido.
La sampedrana es una de las decenas de comerciantes que, al comenzar su jornada laboral, se enfrentan no solo a las bajas ventas y las dificultades económicas, sino también a los malos olores y las aguas negras que se han convertido en parte del paisaje cotidiano de esta zona comercial.
Vender alimentos, atender clientes y permanecer durante largas jornadas en un entorno donde las aguas residuales se desbordan sobre las calles es una realidad que los locatarios llevan años denunciando y que, según sus testimonios, ha empeorado en los últimos meses.
Lo que debería ser un espacio destinado al abastecimiento de millas de sampedranos se ha convertido, para comerciantes y clientes, en una lucha diaria contra la insalubridad.
Desinterés y falta de voluntad
El problema no es nuevo. En julio de 2022, comerciantes del mercado El Rápido ya denunciaban públicamente que trabajaban entre aguas negras y olores tan desagradables que, según relataban, incluso tenían dificultades para consumir sus propios alimentos dentro de los negocios. Cuatro años después, las denuncias relacionadas con el deterioro del sistema sanitario y los desbordamientos continúan y se agravan.
Las quejas también han alcanzado las calles y avenidas que conectan los mercados. En marzo de 2026, comerciantes consultados por LA PRENSA denunciaron que las aguas residuales, los baches y la acumulación de basura estaban afectando sus actividades.
Claudia Pineda, presidenta del Sindicato Nacional de Comerciantes del Sector Informal de Honduras (Sincosih), lamentó que el problema persiste en este sector. Explicó que hay tramos prácticamente intransitables y que las corrientes de aguas negras representan un problema de contaminación.
“Mire para nosotros es un problema, los vendedores están teniendo dificultades y las ventas les bajan pues los clientes no llegan porque el agua negra y el mal olor está por todos lados”, dice Pineda.
Víctor Zavala, comerciante del sector, también denunció que llevan años solicitando ayuda a las autoridades sin obtener una solución definitiva. Según su testimonio, los vendedores han tenido que recurrir incluso a colocar material de relleno para facilitar el paso de vehículos en calles deterioradas por las corrientes de aguas negras.
“Acá vienen y solo desripean, luego el problema sigue y tenemos que trabajar entre malos olores y no es justo ni para los vendedores tampoco para los clientes”, aseguró.
En la mayoría de las ciudades, los mercados son sitios visitados por turistas, pues representan el emprendedurismo, una actividad de la que se jacta el alcalde Roberto Contreras. Sin embargo, esa imagen contrasta con la realidad a la que se enfrentan vendedores y compradores, señala Marlen Castro, una profesora jubilada.
El pediatra Wilmer Madrid explica que las aguas residuales sin tratamiento pueden contener microorganismos patógenos capaces de provocar enfermedades gastrointestinales y otras infecciones que afectan tanto a niños como a adultos.
“Es un tema al que no se le está prestando atención pero, ahí se venden comida y la exposición a estos contaminantes representa un riesgo que debe prevenirse mediante sistemas adecuados de alcantarillado, mantenimiento y saneamiento”, indicó.
Afectados por el problema que se agrava
Los comerciantes cuestionan que, pese a las reiteradas solicitudes de intervención, el problema continúa afectando la actividad comercial. No se trata únicamente de reparar una calle o limpiar un tragante: los afectados consideran que se necesita una revisión profunda del sistema de alcantarillado para evitar que las aguas negras sigan saliendo a la superficie.
“Nosotros quisiéramos que la Corporación Municipal incluya el proyecto para resolver esta situación en el presupuesto 2027 que está por aprobarse”, dice Jackeline Medina, vendedora del sector.
La responsabilidad de atender el problema requiere coordinación entre la Municipalidad, la empresa concesionaria Aguas de San Pedro encargada del servicio de agua y saneamiento y las instancias encargadas de vigilar las condiciones sanitarias. Sin embargo, para los comerciantes, las discusiones sobre competencias institucionales no resuelven la situación que enfrentan diariamente.
Mientras las instituciones responsables definen quién debe intervenir, los comerciantes continúan trabajando en medio de una problemática que no debería formar parte de sus jornadas laborales.
Para quienes se ganan la vida detrás de un puesto de venta, la petición es clara: poder trabajar sin respirar malos olores, sin caminar entre aguas negras y sin tener que preocuparse por los riesgos sanitarios que representan estas condiciones.
También que se tome en cuenta un proyecto en el presupuesto 2027 porque el Mercado El Rápido también es San Pedro Sula, mencionan a los afectados.