San Pedro Sula, Honduras. Los 35 minutos de lluvia que cayeron la tarde del 2 de octubre fueron suficientes para convertir en una tragedia la vida de Patricia Zelaya, quien vive junto a su familia en el barrio Cabañas.
Desde hace casi cinco décadas, la familia tiene una pulpería en la 16 avenida, entre la 17 y 18 calles, pero esta vez el agua inundó su vivienda, dañó sus pertenencias y arrasó con el negocio familiar.
La familia siempre ha enfrentado problemas cuando llueve, pero Patricia asegura que lo ocurrido no tiene precedentes. Esta vez cedió el muro de una fábrica de ropa cercana y la inundación alcanzó mayores proporciones.
Como ella, decenas de personas que viven en sectores donde antes no se registraban inundaciones están alarmadas porque desconocen qué está ocurriendo en la ciudad.
El desbordamiento de canales, la acumulación de basura y el débil funcionamiento del drenaje pluvial provocaron correntadas que arrastraron vehículos, levantaron pavimento y obligaron al cierre de vías.
En la 13 calle y 9 avenida del barrio Paz Barahona, así como en la 20 calle, las autoridades tuvieron que restringir el paso para comenzar las reparaciones. La zona este, que colinda con el segundo anillo y recibe buena parte del agua que desciende de las partes altas, fue una de las más afectadas.
Alberto López, meteorólogo de Copeco, informó que más de 230 familias sufrieron daños. “Estos 230 hogares perdieron todo; camas, electrodomésticos, ropa, prácticamente todo porque su inundación fue arriba de un metro”, indicó.
Entre los sectores afectados mencionó el barrio Cabañas, Montefresco Este, el bordo de la Divina Providencia, en Chamelecón; las calles 9, 11, 12, 13, 14, 15, 27 y 33; la parte baja de la 20 calle; residencial Costas del Este y las colonias Valle de Sula 1 y 2.
En Montefresco Este, el agua llegó a 1.5 metros. Solo en Cabañas, unas 150 familias resultaron afectadas y muchas perdieron sus enseres.
Brenda Escobar relató que nunca habían vivido algo similar. “Todo lo perdimos, aunque las cosas materiales se recuperan, esto duele porque cuestan. Nos tocó sacar a personas enfermas en medio de la fuerte corriente y refugiarnos en otro lugar para no morir ahogados”, dijo mientras limpiaba su vivienda.
Escobar pidió a las autoridades municipales buscar soluciones permanentes. “El llamado es para el alcalde porque por culpa de las obras mal hechas en el segundo anillo y el puente que hicieron, nosotros nos vemos afectados siempre que llueve. En 43 años que tenemos de vivir acá, hasta ahora nos inundamos de esta manera”, lamentó.
Acciones urgentes
Cada vez que llueve vuelve la preocupación por la vulnerabilidad de San Pedro Sula. Para la Cámara Hondureña de la Industria de la Construcción (Chico), capítulo norte, el problema debe ser abordado no solo por las autoridades municipales, sino también por gremios, patronatos y fuerzas vivas.
César García, presidente del gremio, advierte que la infraestructura pública debe avanzar al mismo ritmo que la inversión privada y el crecimiento urbano.
“No podemos construir ni hablar de una ciudad moderna si cada lluvia intensa vuelve a paralizar sectores importantes y pone en riesgo a ciudadanos, vehículos, comercios y propiedades”, señala.
Para el gremio, atender las emergencias es indispensable, pero la meta debe ser reducirlas. Su propuesta es pasar de intervenciones aisladas a una planificación integral del drenaje pluvial y convertir los planes en proyectos, presupuesto y obras.
“No podemos llegar a cada invierno enfrentando los mismos problemas. San Pedro Sula necesita soluciones estructurales y una hoja de ruta clara para ejecutarlas”, sostiene García.
Lo habían advertido
La Chico-Capnor había expresado su preocupación al alcalde Roberto Contreras mediante una carta fechada el 17 de junio de 2026, en la que advirtió sobre las recurrentes inundaciones en sectores como las calles 27, 33 y 13, Circunvalación, City Mall y la salida vieja a La Lima.
El documento señala que el problema no es nuevo y plantea acciones de corto, mediano y largo plazo para disminuir el impacto de las lluvias.
Entre las medidas inmediatas propone un programa masivo y permanente de limpieza y dragado de quebradas, canales, tragantes, cunetas y alcantarillas; levantar un inventario de puntos críticos y ejecutar obras menores como ampliación de tragantes, rejillas, pasos de agua, cajas de registro y pequeños colectores.
También recomienda una campaña permanente para evitar que la basura termine en calles, cauces y quebradas.
Obras de mediano plazo
Para el mediano plazo, la organización plantea construir pequeños y medianos colectores pluviales en zonas críticas y revisar la capacidad hidráulica de tuberías, cajas, tragantes, canales y puntos de descarga.
Los ingenieros consideran que en muchos sectores no será necesario comenzar desde cero, sino ampliar, sustituir, rehabilitar o conectar correctamente la infraestructura existente.
También recomiendan separar de manera efectiva las aguas lluvias de las aguas negras, pues cuando el sistema sanitario recibe agua pluvial puede saturarse y colapsar.
Además, plantean instalar estructuras para retener sedimentos y basura en las quebradas que bajan del Merendón, antes de que el material llegue al casco urbano y obstruya tragantes, canales y colectores.
La Chico-Capnor pide, además, que la municipalidad informe sobre los estudios, diseños, convenios y proyectos existentes relacionados con el drenaje pluvial, incluidas iniciativas desarrolladas anteriormente con organismos como el BID, BCIE y Jica.
Un plan maestro de drenaje
A largo plazo, el gremio considera indispensable elaborar un plan maestro de drenaje pluvial urbano que incluya modelación hidrológica e hidráulica, inventario completo de la red existente, mapas de riesgo, identificación de cuencas urbanas, priorización de obras y un programa de inversión por etapas.
Entre las alternativas propone evaluar un canal interceptor en la parte alta de la ciudad que capte parte del agua que baja del Merendón antes de que llegue con fuerza al casco urbano, así como pequeñas presas secas o estructuras escalonadas en quebradas estratégicas para reducir la velocidad del agua, retener sedimentos y disminuir las avenidas bruscas durante lluvias intensas.
Los ingenieros ya expusieron sus propuestas a la alcaldía. Ahora el desafío es definir cuáles se convertirán en obras.
Mientras tanto, familias como la de Patricia Zelaya siguen enfrentando las consecuencias de cada lluvia y la incertidumbre de volver a perder sus pertenencias y su fuente de ingresos.