Omoa, Cortés. La recuperación de la laguna de Centeno, en la comunidad de Las Salinas, Omoa, Cortés es uno de los proyectos que reflejan el compromiso ambiental de Sandra Cárdenas, coordinadora regional del Centro de Estudios Marinos (CEM). Desde hace aproximadamente 12 años, trabaja con comunidades costeras para, en conjunto, recuperar ecosistemas afectados y devolverles parte de la riqueza natural que han perdido.
Su compromiso comenzó en Estero Prieto, donde encontró un ecosistema deteriorado, con poca circulación de agua y peces muertos por la falta de oxígeno. Aquella situación la llevó a impulsar jornadas de siembra de mangle junto con las comunidades, una labor que posteriormente se extendió a otros humedales de Omoa.
Entre esos lugares se encuentra la laguna de Centeno, ubicada cerca de las instalaciones de Gas del Caribe. Según explicó Cárdenas, el sitio sufrió un deterioro importante después de la construcción de una barrera de piedra en el sector.
El humedal perdió alrededor del 60% de su espejo de agua y prácticamente se quedó sin manglares. Aunque el paisaje había cambiado, la ambientalista consideró que todavía existían condiciones para recuperar parte del ecosistema.
“Antes de iniciar la siembra, el equipo estudió el suelo y comprobamos que el agua salobre del lugar era adecuada para el desarrollo del mangle, una especie que históricamente había formado parte de ese entorno”, detalló a Diario LA PRENSA.
La recuperación comenzó con la siembra de mangle rojo
La restauración comenzó con la siembra de mangle rojo, una labor en la que participaron voluntarios de Gas del Caribe, estudiantes de los centros educativos Santiago Riera Vázquez y Bobby Wilson, personal de la Base Naval y pescadores de Las Salinas. La iniciativa también ha involucrado a habitantes, patronatos y organizaciones de la comunidad.
Más que organizar jornadas aisladas, el CEM ha promovido la participación ciudadana y el seguimiento del crecimiento de las plantas. El trabajo incluye observar cuáles sobreviven, registrar la mortalidad y monitorear el desarrollo de los árboles para conocer cómo responde el ecosistema a la restauración.
Con el paso del tiempo, los resultados comenzaron a hacerse visibles. Los mangles plantados alcanzan aproximadamente entre 1.5 y dos metros de altura, y algunos ya producen propágulos, estructuras que permiten el nacimiento de nuevas plantas. Además, han comenzado a aparecer de forma natural ejemplares de mangle blanco y negro junto a los de mangle rojo.
Para Cárdenas, esa regeneración representa una señal alentadora, porque muestra que el área comienza a recuperar condiciones para el desarrollo de distintas especies de mangle. Sin embargo, aclaró que no es posible establecer un porcentaje exacto de recuperación, ya que al inicio no se realizó una medición de la biomasa que permitiera comparar los cambios con precisión.
Los manglares sostienen la biodiversidad costera
Gracias al impulso de Cardenas a traves de CEM y la labor de las comunidades, la Embajada de Francia en Honduras otorgó reconocimiento con el premio Océano 2026. Para destacar los esfuerzos de la conservación y recuperación de los ecosistemas marinos y costeros.
La importancia de recuperar el manglar va más allá de la vegetación. Estos ecosistemas ofrecen refugio y zonas de reproducción para especies costeras, incluidos peces que después forman parte de la actividad pesquera.
En la laguna también se encuentran jaibas, pequeños caracoles y ostras adheridas a las piedras, mientras que su conexión con otros ambientes contribuye a la vida marina.
La relación entre los manglares, los pastos marinos y los arrecifes también es fundamental para la biodiversidad costera. Por eso, Cárdenas insiste en que proteger un humedal no significa cuidar únicamente los árboles, sino conservar las conexiones naturales que permiten el desarrollo de numerosas especies.
Los pescadores también observan cambios
Los pescadores de Las Salinas han sido una parte importante del proceso. De acuerdo con la ambientalista, algunos aseguran que han observado un aumento en la presencia de peces y en sus capturas, aunque no existe una medición inicial que permita cuantificar ese cambio.
La apropiación comunitaria también se refleja en expresiones como “esto es mío”, con las que los habitantes manifiestan que sienten el lugar como parte de su patrimonio. La participación ha despertado nuevas propuestas.
Los pescadores han planteado continuar la siembra en sectores rocosos de la laguna, aunque esa labor requiere una metodología distinta de la utilizada en las áreas donde ya se han establecido los mangles. Para Cárdenas, escuchar estas ideas demuestra que la comunidad no solo participa, sino que también se involucra en el futuro del proyecto.
Una restauración cuyos beneficios tomarán tiempo
La ambientalista reconoce que los resultados requieren paciencia. Los árboles que se siembran hoy beneficiarán principalmente a quienes vivirán en el futuro, una realidad que resume al señalar que las personas que plantan no siempre serán quienes cosechen los beneficios.
Por eso, destaca la emoción de los voluntarios cuando regresan al sitio y encuentran nuevos propágulos. Uno de esos primeros avances lo describo como “mi primer hijo dentro del área del mangle”, expresó a Diario LA PRENSA.
El proyecto también se relaciona con la historia de Omoa. Cárdenas considera que la laguna y sus alrededores podrían convertirse en un espacio educativo que conecte el patrimonio histórico, incluida la zona de la Fortaleza de San Fernando, con el conocimiento de los ecosistemas costeros.
Su propuesta a futuro para proteger la laguna, es impulsar un recorrido que permita a estudiantes y visitantes comprender cómo se relacionan la historia y la biodiversidad, asegurando que las personas valoren y defiendan del entorno al que dependen .
La protección del manglar sigue siendo un desafío
Mantener estos avances representa un desafío. Cárdenas considera necesario que las autoridades fortalezcan la protección de los manglares y actúen frente a las denuncias de tala y los cambios de uso del suelo que ponen en riesgo los ecosistemas.
Estos bosques naturales ayudan a reducir el impacto de las condiciones costeras, protegen hábitats y contribuyen a conservar la biodiversidad. Por ello, su recuperación requiere esfuerzos que vayan más allá de las organizaciones ambientales.
Además, Sandra Cárdenas sostiene que está orgullosa de ser originaria de Omoa y que su trabajo tiene sentido cuando se traduce en oportunidades para las comunidades y beneficios para las próximas generaciones.
Cabe destacar que su compromiso nació al observar las necesidades de los pobladores y el deterioro de los ecosistemas, y continúa con la convicción de que todavía es posible recuperar espacios naturales cuando la ciencia y la participación comunitaria avanzan juntas.
“Dejando la huella, marcamos la diferencia” es la frase con la que resume esa visión. Para ella, recuperar la laguna de Centeno no se limita a sembrar mangles: significa fortalecer el vínculo de la población con su entorno y dejar a las futuras generaciones un ecosistema con mejores posibilidades de sostener la vida.