Del lago de Yojoa a Pulhapanzak: la impresionante producción de agua en el sur de Cortés
La cuenca del lago de Yojoa reúne 12 microcuencas que alimentan un sistema vital para la biodiversidad, las comunidades y la generación de electricidad. Hoy, la abundancia de agua también representa una amenaza para cientos de familias
- Actualizado: 25 de octubre de 2026 a las 13:20 -
El agua se ha convertido en protagonista del paisaje en la zona del lago de Yojoa. Las intensas lluvias de las últimas semanas han elevado los niveles de ríos, quebradas y embalses, mientras las cataratas de Pulhapanzak exhiben la fuerza de sus caídas de agua.
En esta región convergen algunos de los recursos hídricos más importantes de Honduras. El lago de Yojoa, el embalse de Yure y las numerosas fuentes de agua que nacen o atraviesan sus montañas forman parte de un territorio donde la riqueza natural también sostiene actividades productivas, turísticas y de generación eléctrica.
La Asociación de Municipios del Lago de Yojoa y su Área de Influencia (Amuprolago) identifica 12 microcuencas que alimentan el sistema hídrico del lago, distribuidas entre comunidades de Cortés, Santa Bárbara y Comayagua.
Sin embargo, la abundancia de agua también ha mostrado su lado más preocupante. El lago ha extendido sus aguas hacia viviendas, negocios y carreteras, mientras el embalse de Yure registra un incremento que amenaza las vías de acceso a comunidades cercanas.
Las imágenes muestran dos caras de una misma riqueza natural: la belleza de una región privilegiada por el agua y los riesgos que enfrentan sus habitantes cuando las lluvias superan la capacidad de drenaje de sus territorios. Pulhapanzak, la espléndida caída de agua en San Buenaventura, luce colmada por un caudal que la tiñe de colores marrón. Un espectáculo digno de ser visto desde arriba.
El lago de Yojoa es el cuerpo de agua dulce más grande del país. Sus afluentes, humedales y acuíferos abastecen a comunidades, cultivos y ecosistemas, según Amuprolago.
Las lluvias han provocado una crecida extraordinaria que alcanza viviendas, negocios y caminos. Familias de Santa Cruz de Yojoa, Las Vegas y San José de Comayagua figuran entre las afectadas.
El sur de Cortés y sus alrededores constituyen una de las regiones de mayor riqueza hídrica del país. Desde las montañas descienden corrientes que atraviesan bosques, comunidades y zonas agrícolas, alimentando un sistema natural que mantiene su importancia incluso durante los períodos de menor precipitación.
En el centro de este paisaje se encuentra el lago de Yojoa, el cuerpo de agua dulce más grande de Honduras, rodeado por montañas que favorecen la captación de lluvia y el nacimiento de numerosos afluentes.
Las precipitaciones recientes han transformado su apariencia. En sectores donde antes había terrenos descubiertos, caminos y patios, ahora se extienden grandes superficies de agua que se confunden con el propio lago.
Las cataratas de Pulhapanzak, ubicadas en la aldea de San Buenaventura, municipio de San Francisco de Yojoa, Cortés, constituyen uno de los atractivos naturales más impresionantes de Honduras. Se forman cuando las aguas del río Lindo se precipitan desde una altura de 43 metros, entre paredes rocosas y abundante vegetación.
Este río, alimentado por las corrientes y fuentes de agua de su cuenca, forma parte de la riqueza hídrica del entorno del lago de Yojoa. La caída produce una intensa bruma y un estruendo perceptible a considerable distancia. Con las recientes lluvias, Pulhapanzak ofrece un espectáculo de agua que evidencia la fuerza de los caudales de esta región, situada a unos 17 kilómetros de Peña Blanca.
En comunidades como El Jaral y La Guama, en Santa Cruz de Yojoa, el avance del agua ha cambiado la vida cotidiana. Algunas familias han comenzado a trasladar sus pertenencias, mientras otras observan cómo el lago se aproxima a sus viviendas.
La crecida también ha dejado imágenes poco habituales. Árboles parcialmente sumergidos, terrenos inundados y viviendas rodeadas de agua forman parte de un paisaje que continúa cambiando conforme persisten las lluvias.
Pero el fenómeno no se limita al lago. En distintos puntos de la región, ríos, quebradas y embalses han experimentado aumentos de caudal que ponen de manifiesto la estrecha relación entre las montañas y los cuerpos de agua de esta zona del país. Espacios turísticos se han visto duramente afectados.
Uno de esos lugares es el embalse artificial de Yure, construido como parte de la infraestructura hidráulica que aprovecha los recursos hídricos de la región para la producción de electricidad. El incremento de su nivel ha generado preocupación entre las comunidades cercanas. La acumulación de agua ha puesto bajo presión sectores aledaños y las vías que comunican con poblaciones de Santa Cruz de Yojoa.
Las montañas también desempeñan un papel fundamental. Los bosques del Parque Nacional Cerro Azul Meámbar y de la montaña de Santa Bárbara contribuyen a la captación, infiltración y regulación del agua que circula por las cuencas de la región.
De estos ecosistemas depende buena parte del equilibrio hídrico de Yojoa. La vegetación ayuda a retener la humedad, proteger los suelos y regular el escurrimiento del agua hacia las zonas bajas, especialmente durante las temporadas lluviosas.
Esta riqueza también ha convertido al territorio en un punto estratégico para la generación hidroeléctrica. Las centrales de Cañaveral y Río Lindo aprovechan el agua del sistema hidráulico de Yojoa, una infraestructura que durante décadas ha contribuido al suministro de electricidad en Honduras.
La importancia de este entorno trasciende sus paisajes. El lago y sus alrededores albergan humedales, bosques, aves y numerosas especies de flora y fauna. Su valor ambiental motivó el reconocimiento de la cuenca como humedal de importancia internacional bajo la Convención Ramsar en 2005.
Hoy, las lluvias permiten observar con especial intensidad esa riqueza natural, pero también recuerdan la vulnerabilidad de las comunidades asentadas cerca de las orillas y los cauces. Entre la belleza de las cataratas, la inmensidad del lago y la fuerza de los embalses, Yojoa muestra un territorio donde el agua es fuente de vida, energía y desarrollo, pero también un fenómeno capaz de transformar el paisaje y poner a prueba a sus habitantes.
La crecida del lago de Yojoa también ha alcanzado el Parque Eco-Arqueológico Los Naranjos, uno de los sitios de mayor valor histórico y natural de Honduras. Las aguas inundaron el acceso principal del recinto, lo que obligó al Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH) a cerrar temporalmente sus instalaciones. Este parque, ubicado en la ribera norte del lago, conserva vestigios de un asentamiento prehispánico cuyos orígenes se remontan al año 800 antes de Cristo, casi mil años antes que Copán.
La situación de Los Naranjos refleja el alcance de una crecida que ha transformado el paisaje de Yojoa. Entre montañas cubiertas de vegetación, ríos caudalosos, cataratas y terrenos inundados, esta región muestra la extraordinaria abundancia de sus recursos hídricos, pero también su vulnerabilidad frente a las lluvias intensas. El agua que sostiene sus ecosistemas, impulsa la generación eléctrica y atrae a miles de visitantes es la misma que hoy avanza sobre comunidades, carreteras y espacios de valor histórico, dejando imágenes poco habituales de uno de los territorios naturales más importantes de Honduras.