La esperada secuela de El diablo viste de Prada llega este jueves a los cines de todo el mundo con una mezcla de glamour, lujo y buenas interpretaciones —especialmente de Meryl Streep—, además de un retrato del declive de las revistas en papel.
Sin embargo, la crítica especializada no se ha rendido ante esta segunda entrega. El filme original, estrenado en 2006, fue una sorpresa y una bocanada de aire fresco; veinte años después, la secuela reutiliza muchos de sus elementos, lo que reduce el factor novedoso.
El diario The Guardian la califica como una cinta “entretenida”, aunque “decepciona por el romance desconcertantemente aburrido y sin química de Andy con un magnate inmobiliario australiano”, en referencia al personaje interpretado por Patrick Brammall.
Por su parte, Variety sostiene que la película funciona principalmente como un producto para los seguidores de la primera entrega y añade que “es difícil imaginar que alcance el estatus de entretenimiento reconfortante de su predecesora”.
Meryl Streep retoma el papel de Miranda Priestly, editora jefe de Runway, personaje inspirado en la periodista de moda Anna Wintour, exdirectora de Vogue. Hace dos décadas, la actriz aceptó el rol en un momento en que contemplaba retirarse; tras leer el guion, negoció un salario mayor y el éxito del filme impulsó su continuidad en la industria.
Junto a ella, Anne Hathaway vuelve como Andy Sachs, quien en la primera película era becaria y ahora es una periodista consolidada fuera del mundo de la moda. Stanley Tucci (Nigel) mantiene su papel como mano derecha de Priestly, mientras que Emily Blunt regresa como Emily, ahora alta ejecutiva de Dior.
El reparto incluye además a Kenneth Branagh, Justin Theroux y Lucy Liu, junto con apariciones especiales de Donatella Versace y Lady Gaga.
Un desfile de moda con trasfondo
La película apuesta por recuperar el glamour característico de la historia, con un despliegue constante de vestuario, mientras introduce el contexto del declive de los medios impresos en la era digital, especialmente en revistas como Runway.
Según The Hollywood Reporter, “los protagonistas retoman sus personajes con facilidad y lucen looks fabulosos”, pero la cinta termina siendo “menos una comedia sobre el entorno laboral que un escaparate de moda”.
En la misma línea, Rolling Stone advierte que “la integridad, el talento y la dedicación están en peligro constante de extinción”, pese al atractivo visual del filme.
Las críticas coinciden en que, aunque la película destaca por su estética, no alcanza el nivel de la original. The New Yorker señala que la secuela “vende productos absurdos con convicción”, pero reduce su mensaje a la idea de “hacer un buen trabajo” y mantener amistades duraderas.
Algunos medios son más tajantes. Deadline califica el regreso de Miranda Priestly como “decepcionante”.
Aun así, Anne Hathaway, actriz, afirmó en una rueda de prensa con medios internacionales, entre ellos EFE: “En la primera parte se veía mucha ropa de trabajo, pero esta segunda es un espectáculo de moda sin complejos”.
Más allá de los cuestionamientos de los críticos de cine, los fieles seguidores de la película y sus personajes han hecho caso omiso y no han perdido el interés ni la curiosidad de acudir al cine para ver la secuela y formular su propia opinión. Estimado lector, si ya la viste, cuéntanos: ¿qué te pareció?