San Pedro Sula, Honduras. Después de unos meses difíciles, marcados por la baja en las ventas, la competencia de calzado importado y los constantes cortes de energía eléctrica, las fiestas patrias representan un respiro para los artesanos del calzado en San Pedro Sula.
La llegada de septiembre y la proximidad de los desfiles estudiantiles han incrementado los pedidos de botas y otros tipos de calzado utilizados por las palillonas, convirtiendo esta temporada en una de las principales oportunidades para que los talleres recuperen parte de sus ingresos, paguen deudas y reduzcan las pérdidas acumuladas.
Paola Zelaya, artesana del calzado, explicó que ante las dificultades que atraviesa el mercado han optado por trabajar principalmente bajo pedido, una modalidad que les permite reducir riesgos y garantizar ingresos.
Actualmente, su taller se encuentra dedicado a la elaboración de unos 200 pares de botas en diferentes diseños, desde modelos bajos hasta estilos de tacón.
Los precios también buscan adaptarse a la capacidad económica de las familias. Las botas se comercializan entre 360 y 380 lempiras, un valor considerablemente menor al de algunos productos disponibles en establecimientos comerciales, donde pueden superar los 1,000 lempiras.
A pocos días de las principales actividades patrias, la capacidad del taller se encuentra prácticamente al límite debido al tiempo que requiere la confección artesanal.
La producción también genera empleo para cinco personas: tres en soladores y dos alistadores, quienes participan en las diferentes etapas de elaboración del calzado.
Sin embargo, el incremento temporal de los pedidos no ha eliminado los problemas que enfrenta el sector.
Zelaya recordó que durante los primeros meses del año los cortes de energía eléctrica llegaron a prolongarse hasta ocho horas diarias, provocando la paralización de los procesos de producción.
La situación continúa afectando a los talleres. Recientemente, señaló, volvieron a experimentar interrupciones de hasta cuatro horas, lo que representa un obstáculo para una actividad que depende de la continuidad del trabajo.
Los apagones afectan especialmente la producción en cadena, ya que una interrupción en una de las etapas retrasa el trabajo de todo el taller y puede provocar pérdidas económicas.
A los problemas de energía se suma la competencia de productos importados, principalmente calzado procedente de Panamá y China, que llega al mercado nacional a precios bajos y dificulta que los productores locales puedan competir en igualdad de condiciones.
Para los artesanos, el problema no solo está relacionado con el precio final del producto, sino también con los costos que implica mantener un taller, adquirir materia prima y pagar a trabajadores especializados.
Carlos Mejía, también artesano del calzado, coincidió en que las fiestas patrias significan un impulso importante para el sector, aunque los pedidos todavía están lejos de alcanzar los niveles registrados en años anteriores.
Mantener un taller artesanal implica afrontar gastos de materia prima, inversión, mantenimiento y salarios, además de conservar al personal con experiencia en la elaboración del calzado.
Mejía explicó que los precios de los productos pueden variar entre 300 y 500 lempiras, dependiendo del diseño, los materiales utilizados y el nivel de acabado.
El objetivo, dijo, es encontrar un equilibrio entre la capacidad de pago de los clientes y una remuneración justa para quienes participan en el proceso de fabricación.
Para los artesanos sampedranos, septiembre no representa únicamente una temporada de mayor trabajo. También es una oportunidad para recuperar ingresos, mantener empleos y demostrar que la producción local todavía tiene espacio en el mercado, pese a la presión de las importaciones y las dificultades que enfrenta el sector.