Peña Blanca, Cortés. Quienes estos días han pasado por algunos sectores de Peña Blanca pueden observar dos escenas poco habituales: una parte del enorme canal que durante décadas ha conducido las aguas del lago de Yojoa hacia la central hidroeléctrica Cañaveral permanece sin agua en lo que avanzan trabajos vinculados con la rehabilitación del complejo; mientras que en varios sectores, el lago se desborda inundando comunidades.
Ver el canal vacío permite apreciar algo que normalmente permanece oculto bajo el agua: las dimensiones de una obra construida hace más de seis décadas para modificar el recorrido natural de millones de metros cúbicos de agua y convertir el lago de Yojoa en el corazón de un sofisticado sistema de generación eléctrica.
No se trata simplemente de sacar agua del lago y hacerla pasar por una turbina. Cañaveral-Río Lindo es un complejo hidroeléctrico en cascada.
El agua comienza su recorrido en el lado norte del lago, produce electricidad en Cañaveral y posteriormente continúa por canales, túneles y enormes tuberías hasta Río Lindo, donde el desnivel vuelve a aprovecharse para producir energía por segunda vez.
Esa particularidad e hito de la ingeniería hondureña es explicada por el ingeniero José Manuel Arriaga Yacamán, quien fuera gerente de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (Enee) entre 1998 y 1992.
Él explicó a LA PRENSA que Cañaveral cuenta actualmente con dos unidades generadoras de 14.5 megavatios (MW) cada una. Una vez utilizada allí, el agua es conducida hasta un embalse de regulación que alimenta las cuatro unidades de Río Lindo, de 20 MW cada una. En términos sencillos, la misma agua del lago produce electricidad dos veces.
Para Arriaga Yacamán, Cañaveral y Río Lindo no solo constituyen grandes obras de ingeniería, sino que hicieron posible “el inicio y despegue de la Enee” durante la década de 1960; y fueron la columna vertebral de la generación nacional hasta que entró en operación la central hidroeléctrica Francisco Morazán, El Cajón.
Cambiaron las salidas del lago
Cuando comenzaron los estudios en 1957, los ingenieros encontraron en el lago de Yojoa un enorme depósito natural de agua situado cientos de metros por encima del valle de Río Lindo.
El proyecto buscaba aprovechar precisamente esa diferencia de altura. La primera etapa comenzó a construirse en 1960. Uno de los trabajos fundamentales consistió en cerrar dos desagües naturales del lago, los ríos Enea y Pescadero, y construir una nueva conducción hacia el extremo norte.
Desde allí fueron construidos canales y tuberías para trasladar el agua aproximadamente seis kilómetros hasta Cañaveral. En otras palabras, la ingeniería modificó parcialmente la manera en que naturalmente drenaba el lago.
Este ambicioso proyecto denominado Sistema Hidroeléctrico Yojoa-Río Lindo, que hoy en día sigue vigente y es muy importante para la generación hidroeléctrica de Honduras, fue construido en las administraciones del doctor Ramón Villeda Morales y del coronel Oswaldo López Arellano.
La gerencia de la Enee recaía en el ingeniero Luis Bográn Fortín, y las obras fueron ejecutadas por Morrison-Knudsen Company y S.V.E.C.A y los consultores Harza Engineering Company con financiamiento del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento y la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID).
Todas las obras comenzaron en agosto de 1961 y concluyeron en marzo de 1964. Una evaluación temprana del proyecto establecía que el canal de derivación debía comenzar en la esquina noroeste del Yojoa y terminar cerca de Peña Blanca, conduciendo conjuntamente agua del lago y del río Blanco hacia Cañaveral.
Fue diseñado para transportar hasta unos 28 metros cúbicos por segundo incluso cuando el lago estuviera en su nivel mínimo previsto. Ese es precisamente el canal que durante generaciones se volvió parte del paisaje de Peña Blanca y que ahora, parcialmente vacío por los trabajos, permite observar una infraestructura que usualmente permanece cubierta por el agua.
Y llevaron otros ríos hasta el lago
La transformación del agua del lago en energía requería de esfuerzos mayores. Los ingenieros buscaron aumentar la cantidad de agua disponible y para ello realizaron algo extraordinario: incorporaron al lago de Yojoa aguas que originalmente pertenecían a otras cuencas.
Los ríos Yuré y Varsovia fueron represados y parte de sus caudales desviados mediante canales y otras obras hacia el lago. Documentos técnicos consultados por LA PRENSA establecen que las partes altas de ambas cuencas forman hoy parte del sistema de manejo del Yojoa precisamente porque sus aguas fueron incorporadas mediante obras artificiales para mantener los niveles y garantizar la generación hidroeléctrica.
Un informe del Banco Mundial elaborado durante el desarrollo del proyecto describe una presa de tierra de unos 50 metros en Yuré y un canal de 1.9 kilómetros. En Varsovia contemplaba una presa de aproximadamente 30 metros, un canal de 2.4 kilómetros y un túnel de unos 300 metros.
Visto en conjunto, la ingeniería prácticamente amplió artificialmente la cuenca que alimentaba la generación hidroeléctrica. Es una misma agua, dos generaciones. El principio que hace especialmente eficiente al complejo es relativamente sencillo. El agua sale del lago y llega primero a Cañaveral, donde mueve dos turbinas Francis y genera electricidad.
Pero después de atravesarlas no termina su utilidad. La descarga es recogida y conducida hasta un embalse regulador. Desde allí, mediante canales, túneles y tuberías, sigue su recorrido hacia Río Lindo.
La geografía hace el resto
La diferencia de nivel entre ambas centrales ronda los 400 metros. Esa caída permite que el agua llegue con suficiente energía hasta las turbinas Pelton de Río Lindo y vuelva a producir electricidad.
Cañaveral comenzó a operar en 1964 con dos unidades de 14.5 MW, para 29 MW instalados. Las primeras unidades de Río Lindo entraron en servicio en 1971 y el complejo alcanzó en 1978 su configuración de cuatro unidades de 20 MW, para 80 MW.
En conjunto, son 109 MW de capacidad histórica instalada. Arriaga Yacamán destaca otra ventaja: además de su alta producción, las plantas han tenido costos bajos de operación y mantenimiento.
La electricidad producida se transporta hacia San Pedro Sula y Tegucigalpa, con derivaciones actuales hacia Siguatepeque y Comayagua. El diseño original del complejo implicó una tercera central que nunca nació, lo que hizo que el proyecto fuera más ambicioso.
La documentación histórica de la Enee revela que inicialmente fueron proyectadas tres centrales hidroeléctricas: Cañaveral, San Buenaventura y Río Lindo. San Buenaventura estaría situada aproximadamente a 280 metros sobre el nivel del mar, entre las otras dos centrales.
Sin embargo, las exploraciones encontraron condiciones geológicas desfavorables y fue descartada. Para compensarlo, se amplió el aprovechamiento de Río Lindo. Eso explica por qué el sistema actual salta de Cañaveral directamente hacia Río Lindo.
La ingeniería que ayudó a construir la Enee.
El complejo también cuenta la historia de otra época de la Enee. La empresa había sido creada apenas en 1957 y Cañaveral se convirtió en su primer gran desarrollo hidroeléctrico.
Su construcción, junto con Río Lindo, estuvo acompañada posteriormente por líneas de transmisión y subestaciones que contribuyeron a formar lo que terminaría convirtiéndose en el Sistema Interconectado Nacional.
Después llegaría El Cajón, inaugurado en 1985 con 300 MW. Arriaga Yacamán considera que aquel período marcó uno de los momentos más importantes de la historia de la estatal eléctrica.
El Cajón, señala, pasó a suministrar el mayor volumen de energía y servicios auxiliares de control de frecuencia y voltaje y continúa siendo la planta de mayor capacidad instalada del país. Vistos en perspectiva, Cañaveral-Río Lindo y El Cajón pertenecen a una misma etapa: el período en que la ingeniería hidroeléctrica se convirtió en uno de los grandes proyectos de desarrollo del Estado hondureño.
Más de 60 años después, son repotenciadas
Ahora la historia vuelve al canal vacío de Peña Blanca. Después de más de seis décadas de funcionamiento de Cañaveral y más de cinco décadas de Río Lindo, buena parte de las máquinas que transformaron durante todos esos años la fuerza del agua en electricidad están siendo reemplazadas.
Arriaga Yacamán explica que el proyecto de repotenciación comenzó a gestarse hace más de una década, con la aprobación en abril de 2015 del financiamiento de Japón, a través de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (Jica), y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El programa contempla cambiar turbinas, generadores, transformadores y equipos auxiliares de ambas plantas e incorporar tecnologías actuales para elevar tanto la potencia como la eficiencia de generación. La intervención es de grandes proporciones.
El programa de rehabilitación y repotenciación fue estructurado inicialmente por 167.2 millones de dólares, incluyendo financiamiento de Jica, BID y contraparte nacional. Según la información oficial disponible, en junio de 2026 la Enee situaba el avance de los trabajos alrededor del 70% y proyectaba elevar la capacidad conjunta del complejo desde los históricos 109 MW hasta aproximadamente 120 MW.
Eso representa alrededor de 11 MW adicionales, un incremento cercano al 10%. Arriaga Yacamán señala que actualmente se ejecuta el cambio de equipos en ambas centrales y que se espera que el próximo año reinicien operaciones ya repotenciadas, con mayor capacidad y eficiencia.
Pero quizá el dato más revelador no sea el aumento de potencia. Es la edad de las máquinas que están siendo sustituidas. Cañaveral acumula, según el ingeniero, más de 62 años de operación, mientras Río Lindo supera los 54 años. Asegura que durante ese período las instalaciones alcanzaron una disponibilidad cercana al 100%, algo que atribuye al mantenimiento y operación realizados por ingenieros y técnicos hondureños.
La expectativa es que la modernización les permita continuar funcionando durante varias décadas más. El 22 de septiembre de 2025, el embajador de Japón, Kazuhiro Nakai, destacó que “la central de Río Lindo desde su construcción ha sido una de las principales centrales hidroeléctricas del país y durante más de cincuenta años ha sido parte del desarrollo económico del país y un símbolo de la relación de amistad entre ambos países.
Espero que la obra de gran importancia que comienza hoy se pueda desarrollar de manera rápida y segura para que la central de Río Lindo contribuya aún más al desarrollo de Honduras y la relación de amistad con Japón”, afirmó.
Específicamente, con el apoyo de Japón, se fortalecerá la Central Hidroeléctrica Río Lindo (de 80 MW a 97.6 MW), lo que se espera contribuya al crecimiento económico y a las medidas contra el cambio climático mediante un suministro eléctrico estable.
El lago también paga un costo
Pero convertir al lago de Yojoa en reservorio hidroeléctrico tuvo consecuencias que hoy obligan a observar el sistema desde otra perspectiva.
El lago no es una simple presa. Es un ecosistema natural y el único gran lago de agua dulce de Honduras. Su hidrodinámica está determinada por el viento, la temperatura, las lluvias y la entrada y salida de agua.
Durante buena parte del año, además, sus aguas permanecen estratificadas en capas. A ello se suma un proceso que LA PRENSA documentó en una serie de investigación y que se viene dando en los últimos años: la eutrofización.
El enriquecimiento de nutrientes (principalmente nitrógeno y fósforo procedentes de diferentes actividades humanas) favorece el crecimiento de algas y materia orgánica. Al descomponerse, esta consume oxígeno.
Investigaciones realizadas durante décadas han documentado cambios en el estado trófico del lago, aunque estudios más recientes también han encontrado mejoras en algunos indicadores. Esto hace que la operación hidroeléctrica y la conservación del lago formen parte de una misma ecuación.
Definir este proyecto como una gigantesca máquina hecha con montañas y agua es quizá la mejor manera de entender lo que se construyó alrededor del lago de Yojoa.
La verdadera obra hidroeléctrica no es únicamente Cañaveral ni Río Lindo. Son los ríos desviados; las presas de Yuré y Varsovia; los antiguos desagües cerrados; el lago funcionando como enorme regulador natural; el canal que atraviesa Peña Blanca; las bocatomas; los túneles perforados en las montañas; las tuberías de presión; Cañaveral; el embalse regulador y, finalmente, Río Lindo.
Todo funciona como una sola máquina hidráulica extendida durante kilómetros sobre el territorio. Por eso el canal parcialmente vacío que hoy puede observarse en Peña Blanca es mucho más que una consecuencia temporal de una obra de mantenimiento.
Es una ventana hacia las entrañas de una pieza de la historia de la ingeniería hondureña que normalmente permanece cubierta por el agua. Fue imaginada cuando la Enee apenas comenzaba a existir, construida y ampliada durante casi dos décadas y mantenida durante generaciones por ingenieros y técnicos.
Ahora, más de 60 años después de que comenzara a girar la primera turbina, las máquinas cambian, pero la extraordinaria ingeniería hidráulica que permite aprovechar dos veces el agua del lago de Yojoa permanece.