El cerebro humano todavía guarda numerosos misterios. El científico Marc Dingman, doctor en Neurociencia y profesor de la Pennsylvania State University, en Estados Unidos, lleva años investigando los comportamientos humanos y lo que estos revelan sobre el funcionamiento de este órgano, así como las razones por las que pensamos, sentimos y actuamos de determinada manera.
A través de su plataforma Neuroscientifically Challenged (Desafíos Neurocientíficos), sus artículos científicos y sus libros, Dingman divulga conocimientos sobre la neurociencia con un lenguaje accesible. Esta disciplina estudia cómo funciona el sistema nervioso y cómo regula las emociones, los pensamientos, las conductas y las funciones corporales.
Una de las facetas más llamativas de su trabajo es la investigación de casos clínicos poco comunes relacionados con personalidades y comportamientos humanos fuera de lo habitual. Estas experiencias, que califica como verdaderas "rarezas", protagonizan su último libro, en el que describe y analiza fenómenos extremos que muestran hasta qué punto puede cambiar la mente humana.
Sus investigaciones incluyen casos de personas que, después de sufrir traumatismos, tumores, infecciones, ictus o trastornos psiquiátricos, experimentaron cambios radicales en su manera de percibir el mundo. Sin embargo, también existen comportamientos que no parecen estar relacionados con una enfermedad, sino con manifestaciones poco frecuentes del funcionamiento de un cerebro considerado normal.
Entre los casos que ha estudiado figuran personas que desarrollaron talentos extraordinarios después de sufrir una lesión cerebral, como habilidades musicales, matemáticas o una memoria excepcional que nunca habían demostrado.
Este fenómeno se conoce como síndrome del sabio adquirido y evidencia cómo una alteración cerebral puede producir capacidades inesperadas.
Pero no todas estas experiencias representan una habilidad extraordinaria
Algunas personas han llegado a sentir que su cuerpo pertenece a un animal de otra especie, han experimentado alucinaciones especialmente intensas o incluso han desarrollado la creencia de que están muertas. Otras han perdido capacidades fundamentales, como reconocer rostros conocidos, distinguir entre la imagen del espejo y la realidad o generar imágenes mentalmente.
Entre las rarezas más impactantes se encuentra el síndrome de Cotard, en el que los pacientes creen estar muertos y, en algunos casos, piden que los entierren. También está el síndrome de Capgras, caracterizado por la creencia de que familiares o personas cercanas han sido sustituidos por dobles idénticos, y la licantropía clínica, en la que alguien cree haberse transformado en un lobo u otro animal.
Dingman también ha investigado el síndrome de la mano ajena, una alteración en la que una de las manos parece actuar de manera independiente e incluso deshacer lo que hace la otra, llegando a agredir a su propio dueño. A estos casos se suman las experiencias relacionadas con el trastorno de identidad disociativo, en el que una persona presenta distintas identidades, cada una con su propia historia y recuerdos.
Las rarezas más inquietantes de cerebro
Más allá de lo extraordinario de estos comportamientos, el científico busca comprender qué revelan sobre el funcionamiento del cerebro humano. Sus investigaciones analizan las áreas cerebrales relacionadas con la identidad, el control de los impulsos, el miedo y la percepción del propio cuerpo, además de cómo una lesión localizada puede afectar funciones específicas como reconocer caras, hablar, escribir o calcular el paso del tiempo.
Consultado por EFE sobre si las historias de vampiros, hombres lobo, fantasmas, zombis y posesiones demoníacas pudieron inspirarse en casos reales, Dingman considera que la respuesta es afirmativa en cierta medida, aunque con algunas salvedades. Explica que muchos de estos relatos tienen profundas raíces en el folclore y la religión, por lo que trastornos extremadamente raros difícilmente pudieron originar por sí solos esos temas de ficción.
Como ejemplo, menciona el caso de Jeanne Fery, una monja dominica de 25 años del siglo XVI, considerada poseída por el diablo debido a sus comportamientos. En ocasiones actuaba como una niña pequeña, pero también presentaba episodios de rabia extrema, convulsiones, golpes en la cabeza y autoestrangulación. En aquella época fue sometida a un exorcismo, aunque actualmente se considera posible que padeciera un trastorno de identidad disociativo.
Dingman señala que casos documentados como este pudieron contribuir a la difusión de historias de posesiones demoníacas. También menciona a un joven de 23 años que desarrolló un deseo irrefrenable de beber sangre humana, así como a personas que creían transformarse en animales.
Otra experiencia que podría explicar algunas historias de terror es la parálisis del sueño, un fenómeno relativamente común que ocurre al despertar o justo antes de quedarse dormido. Según Dingman, se produce por una alteración en la progresión de las fases del sueño que permite que elementos de los sueños se mezclen con la vigilia, provocando visiones de demonios, extraterrestres o fantasmas en las habitaciones.
Por ello, considera que los fenómenos neuropsiquiátricos pudieron contribuir al realismo y la difusión de ciertos relatos, aunque la mayoría de los temas clásicos del terror tienen su origen en la cultura y el folclore.