El conflicto bélico en Medio Oriente genera presiones alcistas sobre los precios internacionales de los combustibles y provoca inflación importada que reduce la capacidad de compra de las familias hondureñas durante 2026.
Expertos en economía advierten que este escenario externo complica las proyecciones iniciales del Banco Central de Honduras (BCH) y afecta directamente el consumo cotidiano.
Expertos consultados por el BCH pronosticaban una inflación interanual cercana al 4,37 % para el cierre de 2026 en un escenario base sin considerar el impacto pleno de la guerra. Sin embargo, el alza en los precios del petróleo y los costos logísticos derivados del conflicto elevan el riesgo de que la inflación supere ese nivel y erosione aún más el poder adquisitivo.
El economista Ángel Jiménez explica que normalmente la inflación importada contribuye alrededor de un 2% a la inflación total del país. Hoy ese porcentaje aumenta porque el país enfrenta un escenario de guerra y el consecuente incremento de precios internacionales.
“Por un lado tenemos la inflación que genera la guerra y también tenemos la inflación de Estados Unidos, que es uno de los mayores proveedores de productos que tenemos”, señala Jiménez.
La inflación importada se produce cuando el encarecimiento de bienes y servicios que Honduras trae del exterior (especialmente combustibles, insumos agrícolas y productos manufacturados) se traslada a los precios internos.
Un aumento de la inflación reduce directamente la capacidad de compra de los consumidores, porque los salarios y otros ingresos no se ajustan con la misma rapidez que los precios de la canasta básica, el transporte y los servicios.
Actualmente, según el BCH, la inflación interanual se ubica en 3,46% a febrero de 2026, cifra que permanece dentro del rango de tolerancia oficial de 4% (más o menos 1 punto porcentual) y muestra una tendencia moderada.
No obstante, analistas económicos consultados por La Prensa alertan que las tensiones geopolíticas en Medio Oriente ya provocan volatilidad en los precios de los carburantes y amenazan con revertir esa moderación en los próximos meses.
El encarecimiento de los combustibles eleva los costos de transporte de mercancías y personas, lo que incide en el precio final de alimentos, productos básicos y servicios. Esta cadena de efectos golpea con mayor fuerza a los hogares de ingresos medios y bajos, que destinan una proporción elevada de sus ingresos al consumo de bienes esenciales.