Voto inequívoco de castigo

El resultado electoral en Estados Unidos refleja el descontento ciudadano por el costo de vida, la desigualdad, los recortes sociales y la polarización política

  • Actualizado: 05 de noviembre de 2026 a las 00:00 -

Como un voto inequívoco de castigo debe calificarse el resultado electoral recién celebrado en la Unión Americana. Mayorías significativas de votantes inclinaron el fiel de la balanza en favor del Partido Demócrata por un conjunto de factores que trascienden lo meramente económico. El alza en los precios de los combustibles y de los alimentos ha provocado incrementos en el costo de vida, en tanto que los salarios o han quedado estancados o no están en sintonía con los costos de los préstamos bancarios, los seguros de salud, la educación, la vivienda y las hipotecas, lo que impacta en el poder adquisitivo de las clases bajas y medias.

En la nación más rica del planeta, la concentración de la riqueza en el 1% de la población genera cada vez una brecha más ancha y profunda entre la élite financiera y tecnológica y el 99% restante. Los recortes asistenciales por parte del Gobierno federal han provocado un crecimiento de la pobreza en sectores al margen del desarrollo humano sostenible, que subsisten merced a subsidios provenientes de Washington para la compra de medicamentos y alimentos, así como para el acceso a hospitales y servicios educativos, golpeando especialmente, aunque no exclusivamente, a las minorías raciales.

Adicionalmente, la deuda externa de Estados Unidos alcanza cifras estratosféricas que constituyen un oneroso legado para la actual y las futuras generaciones, en tanto que la competitividad de las empresas y las exportaciones se ve cada vez más afectada por la competencia china.

Agréguese el enorme costo de la guerra en curso en el Medio Oriente, que no da visos de llegar a un final alcanzado por la vía diplomática y no por la fuerza del poderío militar.

La ciudadanía rechazó los altos niveles de corrupción pública en que el poder ha sido utilizado para el enriquecimiento personal y familiar, violando normas legales y éticas en niveles tales que contribuyeron a explicar la masiva derrota del Partido Republicano, que ha quedado supeditado a la voluntad omnímoda de un caudillo populista que hostiga a la prensa independiente crítica de sus actuaciones, tanto a lo interno como a lo externo, y premia a sus incondicionales para entablar demandas judiciales en contra de los enemigos percibidos, reales o imaginarios.

El resultado ha conducido a una creciente polarización de la población en bandos antagónicos, en vez de fomentar la unidad en torno a los grandes objetivos nacionales, que deben trascender lo partidario y coyuntural.

El triunfo electoral ha sido de tal envergadura que excluye cualquier alegato de fraude en las urnas. Ha llegado ahora el momento de sabias rectificaciones que retornen a la superpotencia al equilibrio entre los tres poderes estatales -esenciales en cualquier democracia- y a la normalización de las relaciones con sus aliados tradicionales, que se han deteriorado para favorecer a las autocracias extranjeras. Un llamado del presidente Trump a sus conciudadanos para iniciar el recorrido hacia la reconciliación nacional resultará muy oportuno, para que la segunda mitad de su gestión al frente del Ejecutivo inicie la urgente reunificación de la gran y poderosa nación, en su momento motivo de admiración e inspiración para el resto del planeta.

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