Toda ciudad, independientemente del número de habitantes y el área que cubre, tanto la central como las periféricas, requiere de planificación detallada que debe tomar en cuenta el crecimiento demográfico como el arribo de personas procedentes de otras regiones del país.
San Pedro Sula crece vertiginosamente y, hasta ahora, ha contado con un Plan Maestro de Desarrollo Municipal que se ha enriquecido cualitativamente merced a las puntuales observaciones de arquitectos, ingenieros, urbanistas, ambientalistas, sociólogos, que toman en cuenta tanto la estructura física como las implicaciones humanas de tal crecimiento. Igualmente han contribuido a tal propósito la Cámara Hondureña de la Industria de la Construcción (Chico) y el Colegio de Ingenieros Civiles de Honduras.
Y es que existe consenso respecto a que el crecimiento y expansión citadino debe ser ordenado, nunca caótico, sujeto a periódicas evaluaciones que tomen en cuenta múltiples variables que inciden tanto en el factor humano como en el material.
De un tiempo para acá es cada vez más visible y notorio el deterioro urbano de San Pedro Sula: invasión de espacios públicos y privadores por compatriotas insertos en el sector informal de la economía -a falta de oportunidades laborales-, crecimiento de covachas a orilla de los bordos, edificación de viviendas residenciales no autorizadas en el pulmón de la ciudad, El Merendón; acumulación de basura en calles, avenidas, bulevares, atentando contra nuestra salud.
La municipalidad ha aprobado permisos para proyectos de construcción carentes de estudios y planes integrales, lo que puede implicar actos ilegales en contubernio entre constructores y autoridades edilicias, lo que debe ser -si es comprobado- objeto de investigación por parte de las autoridades correspondientes.
Se evidencia el malestar colectivo respecto a tales improvisaciones e irregularidades, incluyendo la asignación de recursos -provenientes del pago de nuestros impuestos o por préstamos contraídos- en obras de infraestructura no prioritarios, cuando existen otros de mucha mayor importancia y cobertura para distintas zonas del perímetro urbano y su área de influencia.
El rezago vial provoca congestionamientos vehiculares cada vez más severos, lo que causa mayor gasto de combustible para los motoristas, mayores grados de contaminación, pérdida de tiempo en el desplazamiento de automotores.
El alcalde Roberto Contreras debe involucrarse permanentemente en la manera en que la Corporación Municipal por él presidida -por decisión de la mayoría ciudadana al momento de elecciones- se desempeña día a día.
Su trayectoria e imagen están de por medio y, cuando cese en el cargo al cumplirse el período para el cual fue reelecto, será evaluado positiva o negativamente por los sampedranos y por el partido político al cual está afiliado. Es el momento de rectificar y trabajar de manera coordinada y supervisada con los demás miembros de la Corporación Municipal.