Volver a empezar

Habrá momentos en que tendremos que levantarnos y seguir adelante, dejando atrás el irremediable pasado.

  • Actualizado: 30 de octubre de 2026 a las 14:55 -

El erudito bíblico William Barclay contaba la siguiente historia. A veces resulta muy difícil seguir adelante cuando, después de mucho esfuerzo, vemos cómo nuestro trabajo se pierde y tenemos que comenzar de nuevo. Eso fue precisamente lo que le sucedió al escritor escocés Thomas Carlyle cuando terminó el primer volumen de su obra The French Revolution (La Revolución francesa).

Una vez concluido el manuscrito, se lo entregó a su amigo John Stuart Mill para que lo leyera. Mill necesitó varios días para terminarlo y, mientras avanzaba en la lectura, se dio cuenta de que estaba frente a una verdadera obra maestra. Una noche, después de leer la última página, dejó el manuscrito en el suelo, junto a una silla de la sala de su casa.

A la mañana siguiente, la empleada doméstica encontró aquellos papeles y, pensando que eran documentos sin importancia, los echó al fuego. Así, en cuestión de minutos, el trabajo de meses quedó reducido a cenizas.

El 6 de marzo de 1835, fecha que John Stuart Mill jamás olvidaría, este se presentó ante Carlyle, profundamente angustiado, para confesarle lo sucedido. Mill, con enorme pesar, le contó que el manuscrito había sido destruido. Carlyle, procurando tranquilizar a su amigo, respondió: "Está bien. Estoy seguro de que puedo comenzar mañana mismo y escribirlo de nuevo".

Después de muchas disculpas, Mill se marchó. Carlyle lo observó mientras se alejaba y le comentó a su esposa: "Pobre Mill, siento lástima por él. No quería que se diera cuenta de lo destrozado que realmente estoy". Luego, respiró profundamente y añadió: "Bueno, el manuscrito ya no existe, así que más vale que comience a escribirlo de nuevo".

No fue fácil. Volver a escribir una obra de semejante magnitud significaba repetir un proceso largo y agotador. Además, ya no contaba con el entusiasmo ni con la inspiración que lo habían acompañado durante la primera vez. Sin embargo, a pesar del desánimo, decidió levantarse y comenzar de nuevo. Finalmente, consiguió terminar la obra. Carlyle no podía recuperar aquellas páginas consumidas por el fuego. Tampoco podía cambiar lo que había sucedido. Lo único que estaba en sus manos era decidir qué haría a partir de ese momento. Igual pasa con nosotros: habrá momentos en que tendremos que levantarnos y seguir adelante, dejando atrás el irremediable pasado.

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