Presupuesto y desarrollo

El presupuesto nacional es fundamentalmente un instrumento al servicio del desarrollo del país

El presupuesto nacional es fundamentalmente un instrumento al servicio del desarrollo del país. Es decir, más que una asignación a una burocracia parasitaria, es la forma como, al orientar los recursos, se establecen las prioridades colectivas y se construye el futuro. No creemos que estas ideas sean manejadas con pulcritud por quienes hacen el presupuesto. Y menos por quienes creen que los fondos públicos deben usarse caprichosamente y ponerse al servicio de sus objetivos personales o grupales. El afán de gastar lo ajeno es, francamente, una forma de pornografía política abusiva e irrespetuosa. Y la falta de liquidación pulcra de los fondos, una forma irrespetuosa de ofender al pueblo, que es el soberano, el dueño de Honduras; y los gobernantes, sus sirvientes.

Los presupuestos no se manejan con estas ideas. Nunca he oído una discusión profunda en el Congreso en la que se coloquen los objetivos nacionales por encima de las necesidades de esta burocracia que nunca termina de llenarse. Apenas de refilón, cuando se discute el servicio de la deuda, se habla de cosas serias de largo plazo. El resto se centra en el gasto de una burocracia que últimamente tiene unos límites insostenibles y que, a largo plazo, representa un peligro que amenaza la existencia de Honduras.

Solo a un líder le hemos escuchado preocupaciones. Es Santiago Ruiz, quien declaró que no entiende cómo se puede construir el futuro si apenas el 1% del presupuesto se destina al sector agropecuario. Como me había referido a la incapacidad de ese sector para dar satisfacción a las necesidades alimentarias de la población y al servicio a la PEA más alta del país, creo que es razonable la afirmación de Santiago Ruiz. Es necesario definir en el presupuesto las inversiones que haremos en el sector agropecuario, la industrialización y la investigación de negocios y mercados para elevar la competencia general del país.

Si seguimos como hasta ahora, consumiendo todo lo que ganamos y, además, pidiendo para sostener nuestros lujos, el país nunca tendrá oportunidad de crecer y competir con los demás. Desde 1950 no hemos construido otro distrito de riego. Los distritos de riego de las bananeras han sido abandonados y no hemos podido iniciar el proyecto de riego de la Costa de los Amates. Tampoco tenemos suficiente inversión para proteger las zonas productivas y para dar seguridad a las poblaciones expuestas a las irregularidades de tormentas y huracanes.

Rodrigo Wong Arévalo, en un editorial, dijo que el huracán Mitch mostró que no estábamos preparados y que, pese a que el hecho ocurrió hace bastante tiempo, si ahora se presentara otro evento similar o peor, el país estaría indefenso y nuestros gobernantes tendrían que transformarse en pedigüeños internacionales llorosos, porque no somos capaces ni siquiera de asegurar nuestras vidas.

Esto debe cambiar. Las universidades deben comprometerse con el desarrollo del pensamiento crítico de la sociedad, la investigación científica y la innovación. Un país que no hace estas tareas está condenado al fracaso, a la miseria y al riesgo cierto de recibir patadas desde todas partes del mundo. La libertad se la ganan los pueblos con trabajo, disciplina y moderación.

El presupuesto que pronto se someterá a discusión en el Congreso no está diseñado para el futuro, sino para un presente mezquino y desgarrador. Necesitamos cambiar las cosas. El problema grave es que los hondureños no tienen la fuerza para ello. Si los gobernantes son inútiles y no han hecho nada o muy poco -para ser cristianos- para desarrollar al país, tampoco la calidad del hondureño, en el sistema social interno, es de mucha esperanza. Hay demasiados tontos entre nosotros.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias