Hambre insaciable

“En el corazón de todo hombre existe un vacío que tiene la forma de Dios. Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada. Él puede ser llenado únicamente por Dios, hecho conocido mediante Cristo Jesús”.

  • Actualizado: 06 de noviembre de 2026 a las 21:54 -

Durante la comida de un escuadrón, los comensales hablaban de un hombre que comía en exceso y mencionaron varios ejemplos de su extraordinaria voracidad. “Eso no tiene nada de sorprendente”, intervino un capitán. “En mi compañía tengo un soldado que, sin mucho esfuerzo, puede comerse una ternera entera”. Todos aseguraron que semejante hazaña era imposible. Sin embargo, el oficial propuso una apuesta considerable, que los presentes aceptaron.

Llegado el día acordado, los apostadores se reunieron en una fonda. Para mantener el apetito de su soldado, el capitán había ordenado preparar las distintas partes de la ternera con salsas variadas. El hombre se sentó a la mesa. Comenzaron a servirle los platos y, con asombrosa rapidez, los fue devorando uno tras otro. Mientras tanto, los demás seguían observándolo con una mezcla de asombro, incredulidad y temor, sin imaginar que aquella comida podía continuar.

Los espectadores no podían creer lo que veían, y quienes habían apostado contra el capitán empezaron a inquietarse. El soldado ya había consumido tres cuartas partes de la ternera cuando, volviéndose hacia su superior, le dijo: “¡Mi capitán! Con todo respeto, me parece que ya es hora de que sirvan la ternera; de lo contrario, no puedo garantizar que usted gane la apuesta”.

Este relato me hace pensar en dos asuntos relacionados con el ser humano. Por un lado, consideremos uno de los apetitos más nobles e insaciables que tenemos las personas: la curiosidad. Esta hambre por saber y conocer ha movido a la humanidad a cruzar océanos, descifrar el átomo y a tratar de entender el universo. Sin ella no habría ciencia, arte ni filosofía. Sin embargo, hoy en día pareciera que esa curiosidad está siendo mal gestionada, puesto que en lugar de alimentarla con conocimientos que estimulen nuestro desarrollo personal, la estamos saciando con mero entretenimiento.

Otro apetito inagotable del ser humano es su necesidad de sentido. Más allá de la curiosidad existe otra hambre más profunda. No pregunta “¿cómo funciona esto?”, sino “¿para qué estoy aquí?”, “¿qué valor tengo?”, “¿qué es lo que realmente importa?”. Esta búsqueda de sentido la intentamos llenar de muchas maneras: logros, relaciones, placeres, trabajo, etc. Pero como bien decía Blaise Pascal: “En el corazón de todo hombre existe un vacío que tiene la forma de Dios. Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada. Él puede ser llenado únicamente por Dios, hecho conocido mediante Cristo Jesús”.

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