San Pedro Sula, Honduras
Honduras, uno de los países más dependientes de las remesas en el mundo con más del 25% del Producto Interno Bruto (PIB), tendrá que prepararse para enfrentar la ola creciente de las criptoremesas que ya está ganando terreno en países vecinos.
Hasta ahora, las familias hondureñas han recibido el dinero en efectivo que envían desde el exterior los emigrantes por medio de remesadoras, pero una parte creciente de estos flujos comenzará a llegar al país en forma de stablecoins, principalmente USDT y USDC, en los próximos meses o años.
Proyecciones de organizaciones financieras y empresas del sector cripto indican que la participación de las stablecoins en las remesas de América Latina pasó del 3% en 2023 al 11% en 2025, y esperan que alcance entre el 18% y 22% en 2026.
Este fenómeno ya es una realidad en varios países vecinos, como en El Salvador, donde sólo en el primer trimestre de 2026 recibieron $17.38 millones en remesas a través de billeteras de criptomonedas, registrando un aumento considerable para esa economía.
En México, plataformas como Bitso procesan cerca del 10% de las remesas Estados Unidos-México mediante stablecoins, generando ahorros de hasta un 76% en comisiones. Países como Argentina, Venezuela, Guatemala y Colombia también muestran un fuerte crecimiento en transferencias con USDC y USDT a costos mínimos.
De acuerdo con Chainalysis en su informe Geography of Crypto 2025, América Latina registró $1,500 millones en volumen de transacciones cripto entre 2022 y 2025, con las stablecoins dominando claramente los flujos de remesas y pagos transfronterizos.
Las stablecoins, conocidas como las “monedas estables” en el mundo cripto, son criptomonedas diseñadas específicamente para mantener un valor constante en el tiempo, generalmente ancladas al dólar estadounidense u otras monedas fiduciarias tradicionales.
A diferencia de bitcoin o ethereum, cuyos precios experimentan fuertes oscilaciones en cuestión de horas, activos como USDT (Tether), USDC ofrecen a sus poseedores similar estabilidad del dinero convencional lo cual facilitar las transferencias rápidas, globales y con comisiones mínimas.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Pagos Internacionales (BIS) advierten que este cambio trae ganancias importantes de eficiencia, como transferencias casi instantáneas y comisiones cercanas al 0-1%, pero también genera riesgos a las economías, como la hondureña.
Si Honduras no actúa con anticipación, el Banco Central (BCH) y la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS) podrían perder visibilidad y control sobre una porción significativa de los dólares que entran al país.
Las remesas que hoy pasan por el sistema formal y contribuyen a acumular reservas internacionales podrían migrar masivamente a billeteras digitales fuera del radar regulatorio.
De acuerdo con análisis de esas organizaciones, esto complicaría el manejo de la liquidez, la estabilidad cambiaria y la lucha contra el lavado de activos. Al mismo tiempo, este cambio representaría una oportunidad para la economía de varios millones de hogares que reciben remesas.
Podría reducir drásticamente los costos de transferencia, que actualmente fluctuán entre 5% y 7%, y abrir la puerta para que parte de estos recursos se canalicen hacia inversión productiva en lugar de destinarse solo al consumo inmediato.