La música clásica y la solidaridad se unieron en una noche memorable en San Pedro Sula con el esperado concierto del sopranista hondureño Dennis Orellana, quien regresó a su tierra para protagonizar una gala benéfica a favor del programa de becas de la Fundación Filarmónica de SPS.
El recinto lució completamente lleno desde los primeros minutos del evento, reflejando el entusiasmo del público sampedrano por acompañar una velada dedicada tanto al arte como al impulso de nuevos talentos musicales en Honduras.
La apertura estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica Victoriano López, dirigida por el maestro Jorge L. Banegas, quienes interpretaron la pieza “Obertura de la ópera Las Bodas de Fígaro” de Wolfgang A. Mozart, marcando el inicio solemne de la noche.
Posteriormente, Dennis Orellana hizo su entrada al escenario para interpretar “Ombra Mal Fú” de G. F. Haendel, una presentación que fue recibida con fuertes aplausos por parte de los asistentes.
Tras su interpretación, el artista hondureño tomó unos minutos para dirigirse al público, agradeciendo el cariño recibido y la oportunidad de reencontrarse con Honduras y con la cálida ciudad de San Pedro Sula.
Durante sus palabras, Orellana también destacó la importancia de respaldar iniciativas culturales y educativas como las impulsadas por la Fundación Filarmónica de SPS, subrayando que este tipo de proyectos permiten transformar vidas a través de la música.
Uno de los momentos más emotivos de la gala llegó con la entrega de una placa honorífica al artista, reconocimiento otorgado por la Fundación Filarmónica de SPS y entregado por su presidente, el ingeniero Rafael Flores, en agradecimiento a su trayectoria y apoyo a la institución.
La velada continuó con la participación del coro de la Escuela de Música Victoriano López, cuyos integrantes ingresaron portando velas para interpretar “Benedicat” de Merlo, con arreglo de Héctor Soto, y “Ave Verum Corpus” de Mozart, creando una atmósfera solemne y conmovedora dentro del recinto.
Más adelante, Dennis Orellana regresó al escenario acompañado nuevamente por la orquesta para ofrecer una serie de interpretaciones que mantuvieron cautivado al público, entre ellas “Piangeró la sorte mía” de Haendel y “Al rumor de las selvas hondureñas” de Carlos Varela, con arreglo de J. Reyes.
La emoción continuó creciendo con “Aleluya” de Mozart y culminó con “Libiamo ne’ lieti calici” de Giuseppe Verdi, pieza que provocó una de las ovaciones más intensas de la noche, con el público puesto de pie aplaudiendo al unísono y cerrando un hito en la historia de la música en Honduras.