Honduras dio un paso clave en la atención del ictus isquémico o infarto cerebral, una las principales causas de muerte y discapacidad a nivel mundial, con la creación de un protocolo nacional para estandarizar la respuesta médica y fortalecer la capacidad del sistema de salud para actuar con rapidez y coordinación.
El Protocolo de Manejo Agudo de Ictus Isquémico, impulsado desde el hospital Mario Catarino Rivas, marca un avance histórico en el tratamiento del ictus en el país, sentando las bases para una atención más oportuna y equitativa.
La iniciativa que busca salvar vidas y reducir la discapacidad asociada al derrame cerebral no solo ha despertado el interés de la comunidad médica hondureña, sino también de la Organización Mundial del Ictus (WSO, por sus siglas en inglés) y la iniciativa Angels, que visitaron Honduras a finales de enero como parte del proyecto CABOS.
El doctor Javier Lagos Servellón, neurólogo intervencionista del Mario Rivas y uno de los principales impulsores del protocolo, explicó que el ictus es la tercera causa de mortalidad en Honduras, y que solo en el hospital Mario Rivas se atienden unos 400 casos al año.
Mientras que, según datos oficiales, el ictus isquémico es la principal causa de ingreso a los servicios de neurología y la primera causa de mortalidad neurológica no traumática. La letalidad intrahospitalaria en centros públicos supera el 25%, y la mayoría de los sobrevivientes enfrenta secuelas graves que limitan su calidad de vida.
Ante esta realidad, el protocolo surge como una respuesta estructural para transformar la atención. El documento, publicado por la Secretaría de Salud en julio de 2025, busca estandarizar el diagnóstico y tratamiento en la fase aguda, mejorar la coordinación entre niveles de atención y optimizar los recursos disponibles.
“La guía del manejo agudo del ictus es un intento de estandarizar el manejo para todos, que tanto médicos, como enfermeras y personal de emergencia sepan exactamente qué hacer ante un paciente con sospecha de infarto cerebral, sin importar el hospital o el nivel de atención", indicó Lagos.
El protocolo parte de un principio fundamental, actuar a tiempo salva vidas. “Entre más tiempo esté el coágulo ahí, más daño hace”, advirtió el especialista. Por ello, la guía está diseñada para que el paciente reciba un diagnóstico y un tratamiento en el menor tiempo posible, reduciendo retrasos y evitando decisiones que comprometan el pronóstico.
El documento establece acciones claras desde el primer nivel de atención, incluyendo herramientas de tamizaje clínico para identificar tempranamente el ictus y diferenciarlo de otras patologías neurológicas. En caso de sospecha, define medidas de estabilización básica y criterios de referencia inmediata.
En el segundo nivel de atención, el protocolo detalla que todas las acciones críticas deben ejecutarse en un plazo máximo de 60 minutos desde el ingreso del paciente, considerado como “minuto cero”.
También especifica qué escalas neurológicas utilizar, cuándo activar el Código Ictus, a qué profesionales alertar y cuáles exámenes e imágenes deben realizarse de forma prioritaria.
La guía aborda además las estrategias terapéuticas recomendadas, como la trombólisis y la trombectomía mecánica, el manejo de complicaciones, y el rol específico del personal de enfermería en la administración de medicamentos.
Además, incluye el manejo del ictus menor y del ataque isquémico transitorio, conocidos como “mini-ictus” o advertencia cerebral, causados por una interrupción breve del flujo sanguíneo que provoca debilidad, confusión o parálisis facial y que, aunque transitorios, representan una señal de alerta.
El galeno compartió que el desarrollo del documento tomó cerca de siete meses, un trabajo conjunto con la Secretaría de Salud y especialistas de diversas áreas, incluyendo internistas, intensivistas, neurocirujanos, farmacéuticos y personal de enfermería.
Detalló que en diciembre comenzó su implementación a nivel local y que, de forma progresiva, se ha extendido a otros centros públicos a través de las redes hospitalarias, con el objetivo de que los hospitales no operen de manera aislada, sino como parte de un sistema coordinado.
Hasta el momento, el Mario Rivas ha logrado establecer redes con hospitales de El Progreso, Tela, Santa Bárbara y Puerto Cortés. La visita de la Organización Mundial del Ictus tuvo la finalidad de conocer estas redes y apoyar su fortalecimiento para promover la implementación a nivel nacional.
Lagos informó que ya se está avanzando en la implementación de la guía en el Hospital Escuela, lo que refuerza la visión de alcance nacional. La estrategia busca no solo estandarizar la atención del ictus, sino también capacitar de manera integral al personal de salud, para aumentar la probabilidad de sobrevida y mejorar la calidad de vida de los pacientes que sufren un evento cerebrovascular.
Sobre los síntomas, el neurólogo destacó el protocolo CAMALEÓN, que ayuda a identificar signos como cara desviada, caída de la mano o lenguaje incomprensible. Ante cualquiera de ellos, se debe actuar de inmediato llamando al 911, ya que reconocerlos a tiempo puede marcar la diferencia entre la recuperación, la discapacidad permanente o la muerte.