Distintas damas de diversas nacionalidades han recibido el Premio Nobel de la Paz, otorgado anualmente a quienes se han destacado, arriesgando sus vidas, en pro de la defensa y vigencia de los derechos humanos.
Desde Bertha von Suttner, la primera mujer en recibir tan honroso galardón, hasta Navanethem Pillay, más conocida por Navi Pillay, recién honrada con tal presea, una lista parcial incluye a la Madre Teresa de Calcuta (India), Aung San Suu Kyi (Birmania), Rigoberta Menchú (Guatemala), Shirin Ebadi (Irán), Malala Yousafzai (Pakistán, la más joven en recibirlo por su inclaudicable defensa del derecho de las niñas a la educación), Narges Mohammadi (Irán) y María Corina Machado (Venezuela).
Navi Pillay, nacida en Sudáfrica, de origen hindú, estudió Derecho, destacando por las estrategias jurídicas empleadas en los tribunales en defensa de los opositores al oprobioso régimen político y jurídico vigente desde 1948 hasta su desmantelamiento entre 1991-1994, impuesto por la minoría blanca sudafricana en perjuicio de las mayorías negra, hindú y mestiza, institucionalizando el acaparamiento del poder político y económico en beneficio de la población minoritaria de origen europeo, conocido como apartheid.
La separación geográfica diferenciada: zonas residenciales para los blancos y marginales para las mayorías, restringiendo el poder ocupar cargos públicos, votar, poniendo en práctica la segregación en espacios públicos; en síntesis, la opresión y dominación sistemática de un grupo racial sobre otro.
Nombrada alta comisionada en Derechos Humanos de la ONU, juez alterna de la Corte Internacional de Justicia, titular de la Corte Penal Internacional que investigó el alzamiento armado del grupo Hamás en Israel y la respuesta de aniquilamiento masivo de la población palestina en la Franja de Gaza.
La conclusión unánime de tal tribunal fue que se había puesto en práctica la práctica del genocidio, vale decir, el sometimiento intencional de un Estado tendiente al exterminio o destrucción sistemática y deliberada, total o parcial, de un grupo nacional, étnico, racial o religioso, que incluye matanzas indiscriminadas de miembros de tal grupo, el sometimiento intencional a condiciones de existencia que conllevan la eventual desaparición física y el traslado forzoso de poblaciones.
Tal delito de lesa humanidad es imprescriptible: los responsables pueden ser investigados y juzgados sin límite de tiempo.
El antecedente previo directo fue el juzgamiento de los autores intelectuales y materiales del genocidio de judíos, gitanos, minusválidos, testigos de Jehová, con antelación y durante el curso de la Segunda Guerra Mundial, la llamada “solución final”, ordenada por Hitler y puesta en práctica en campos de exterminio durante los juicios de Núremberg, Alemania.
El mundo ha recibido con beneplácito y aprobación el otorgamiento de tan importante presea a la jurista sudafricana, cuyo nombre figura, junto con el de Nelson Mandela y el clérigo Desmond Tutu, en el ideal por la vigencia plena, efectiva y universal de los distintos derechos humanos.
La solidaridad global resulta decisiva y fundamental para gradualmente suprimir toda forma de discriminación y racismo institucionalizado que degrada y condena al marginamiento de hecho y de derecho a millones de seres en distintos países y continentes.