Un mejor mentor

Frente a esta limitación de la IA, Jesús presenta en el Evangelio de Juan un regalo mucho más valioso: el Espíritu Santo.

  • Actualizado: 12 de junio de 2026 a las 16:05 -

La Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido, sin lugar a dudas, en una de las tecnologías más influyentes de nuestro tiempo, transformando la manera en que las personas estudian, trabajan, se comunican y manejan la información. Utilizada de manera responsable, puede potenciar la creatividad, simplificar tareas, ahorrar tiempo y brindar nuevas oportunidades de aprendizaje y desarrollo personal.

No obstante, como toda tecnología, la IA tiene sus limitaciones. Reconocerlas y comprenderlas es esencial para mantener una perspectiva equilibrada sobre su uso y evitar atribuirle facultades o prerrogativas que en realidad no le corresponden.

Una de las atribuciones que cada vez con mayor frecuencia se le concede a la IA es la de actuar como asesora, no solo en asuntos académicos o técnicos, sino también en decisiones relacionadas con la vida personal. Hoy resulta común escuchar a las personas decir que “hablaron con la IA” para pedirle orientación o consejo, incluso en decisiones tan personales como la elección de con quién casarse.

Abrirse a la IA y depender de ella, como si de un mentor humano se tratara, puede ser muy peligroso. Uno de los riesgos es que estos sistemas suelen estar diseñados para ser complacientes con el usuario. En consecuencia, muchas veces tienden a ofrecer respuestas que validan o refuerzan las percepciones de la persona, aun cuando estas necesiten ser cuestionadas. Por ejemplo, yo podría mostrarle un poema de mi autoría claramente deficiente y recibir una valoración excesivamente positiva en consecuencia, como si se tratara de una obra digna de los grandes poetas. Aunque el ánimo y las palabras de aliento son valiosos, el ser humano necesita mucho más que la aprobación constante. Necesita también la voz sincera de alguien que sea capaz de señalar errores, corregir desviaciones y decir la verdad, incluso cuando esta resulte incómoda o difícil de aceptar.

Frente a esta limitación de la IA, Jesús presenta en el Evangelio de Juan un regalo mucho más valioso: el Espíritu Santo. Él es el Paráclito, aquel que viene al lado del creyente para guiarlo y ayudarlo en cada circunstancia de la vida. Todo aquel que abre su corazón a Dios puede disfrutar de esa dirección divina. Después de todo, la inteligencia artificial de una máquina nunca podrá compararse con la inteligencia divina del Creador. La IA puede procesar información; el Espíritu Santo, transformar su vida.

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