Si tuvieras cordura, cambiarías de ambiente, entregarías tu vida a Dios de verdad y vivirías bajo la guía del Espíritu Santo. Pero no creo que lo harás.
La verdadera madurez no consiste en demostrar constantemente cuánto sabes. Consiste en mantener la apertura para seguir descubriendo cuánto puedes crecer.
Vivimos en una sociedad que muchas veces celebra únicamente al ganador, pero pocas veces honra la resistencia cotidiana de quienes siguen adelante en medio de la incertidumbre.