El madero equivocado

Nadie debe terminar como Judas. No importa lo que usted haya hecho, Cristo está con los brazos abiertos dispuesto a recibirlo, para demostrarle su amor y traer así perdón y restauración a su vida.

  • Actualizado: 27 de febrero de 2026 a las 15:09 -

Hace algún tiempo, los periódicos de un pueblo de Norteamérica informaron que el cuerpo de un minero había sido hallado colgado de un árbol en un paraje solitario. En el pecho del suicida había un papel prendido con un mensaje estremecedor. La decisión que había tomado era el resultado de un crimen cometido treinta años atrás: el asesinato de una joven, cuyo recuerdo y horror habían perseguido su alma desde entonces. Lo más terrible era que un inocente había sido condenado y ejecutado por aquel crimen.

Cuando encontraron el cuerpo, un ranchero de la zona comentó que no le sorprendía el acto. En una conversación previa, el minero le había confesado el hecho y le había contado cómo había vagado de un lugar a otro, sin encontrar jamás un momento de paz. El remordimiento había atormentado su conciencia sin descanso. No podía borrar su oscura acción: el peso de su culpa era como una piedra de molino colgada a su cuello, y su aguijón, como la mordida de una víbora prendida a su pecho.

Este relato nos recuerda la historia del tristemente célebre, exdiscípulo de Jesús, Judas Iscariote, quien, a cambio de treinta piezas de plata, traicionó a su inocente Maestro, entregándolo a la muerte en manos de las autoridades judías y romanas de su época. El remordimiento que sintió Judas luego de vender a Jesús, fue tan dominante que tomó la lamentable decisión de colgarse de un árbol (Mateo 27.3-5).

Judas no tuvo que haber terminado así. Como bien se ha dicho, él equivocó el camino. En lugar de dirigirse al madero para colgarse, debió haber acudido a otro madero, el de la cruz, para buscar el perdón de su Maestro, quien se lo hubiera otorgado sin sombra de duda, tal como hizo con otro discípulo traicionero: Pedro (Juan 21.15-17). A pesar de convivir tantos años con Jesús, Judas nunca se dejó amar por Él.

Nadie debe terminar como Judas. No importa lo que usted haya hecho, Cristo está con los brazos abiertos dispuesto a recibirlo, para demostrarle su amor y traer así perdón y restauración a su vida.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias