Trabajadoras y ejecutivas del sexo

  • Actualizado: 03 de noviembre de 2026 a las 00:40 -

El título de este artículo sugiere el uso excesivo que hacemos de los eufemismos, esas expresiones consideradas decorosas para sustituir otras que nos parecen ofensivas o malsonantes, pero que están autenticadas por la Real Academia Española (RAE).

Algunos de estos eufemismos han sido incluidos por los tecnócratas en el lenguaje popular para evitar expresiones correctas, aduciendo que estas pueden lesionar la dignidad de las personas a las que se refieren.

Para el caso, a los reclusos que se encuentran en proceso de rehabilitación no los llamamos así, sino privados de libertad. Sin embargo, viéndolo desde el punto de vista jocoso, un privado de libertad puede ser también el hombre casado a quien su mujer no permite salir de casa para ir a divertirse con sus amigos. Un eufemismo muy usado para referirnos a las mujeres que ejercen la prostitución públicamente es el de “trabajadoras del sexo”.

También están las llamadas “prepago”, quienes venden sus favores, pero de manera clandestina porque se desempeñan en elevados puestos dentro de la empresa. Por ello, se me antoja pensar que los eufemistas deberían llamarlas “ejecutivas del sexo” para evitar el vocablo no deseado.

Me refiero a esa palabra que el escritor Gabriel García Márquez no elude en el título de una de sus obras: Memorias de mis putas tristes. Personas con vocación literaria, como el cantautor mexicano José María Napoleón, encubren la palabra “detestable” con una metáfora: “vendedora de amor”, en su canción “Pajarillo”.

Los políticos de países pobres como Honduras tienen también sus eufemismos para ocultar el atraso en que mantienen a estas naciones. “Países en vías de desarrollo”, los llaman, pero tal desarrollo nunca llega.Aunque sabemos que el amor nace, no se hace, muchos sustituimos la palabra fornicar por la frase “hacer el amor”.

También creemos que podemos eludir la muerte cuando expresamos, consternados, que alguien “pasó a mejor vida” en lugar de decir que falleció. En definitiva, los eufemismos nos sirven para adornar con palabras suaves las duras realidades, lo cual no es malo, siempre y cuando tengamos los pies sobre la tierra.

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