En Tegucigalpa, ya no ves el Cristo del Picacho iluminado por la noche. Se apagó. Las bombas, los drones y los misiles lo utilizaban como referencia visual. Su silueta solo se adivina cuando los destellos de las defensas antiaéreas iluminan el cielo sobre la colonia Palmira. Cuando suenan las sirenas, su sonido te aturde y te aterra, porque rebota en los cerros que rodean la ciudad.
No querés estar cerca del Centro Cívico Gubernamental, porque sus torres de cristal son blancos estratégicos vulnerables. Hasta el Hospital Escuela sufrió el impacto de un misil. Hace tiempo que dormís en los niveles inferiores de centros comerciales como el Multiplaza y el Cascadas Mall: se han convertido en dormitorios improvisados para todos los que os habéis quedado sin vivienda.
En San Pedro Sula, es el icónico rótulo de Coca-Cola en la montaña que permanece apagado. Los drones se escuchan sobrevolando el hospital Mario Catarino Rivas, mientras los destellos de los misiles interceptores iluminan las Torres Panorama. Ya no te acercás a Puerto Cortés, porque se ha convertido en un objetivo militar.
Roatán ha sido anexada por otro país. Las ruinas de Copán han sido deliberadamente destruidas. Te preguntas: ¿qué hemos hecho para merecer esto? Nada. Ser de un país que, según el presidente de otro país, no tiene derecho a existir.
Esto es lo que están sufriendo los ucranianos desde el 24 de febrero de 2022, hace cuatro años, desde que Rusia inició su guerra de agresión contra Ucrania. Pero además está el problema del frío extremo y de la población que se está congelando tras los bombardeos rusos contra las infraestructuras de energía.
En Honduras puede parecer un problema lejano. No. Se trata de un problema mundial, en el que están en riesgo principios importantes para todos nosotros.
En primer lugar, la guerra de Ucrania es, efectivamente, un problema mundial. Aunque se percibe con diferente preocupación en todo el mundo, sus consecuencias se sienten mucho más allá de Europa. Desde el punto de vista económico, la guerra ha perturbado el suministro de alimentos y energía y ha contribuido al aumento de la inflación en todo el mundo.
En Honduras, desde el inicio de la guerra, el precio de los fertilizantes para el cultivo de café aumentó drásticamente, en algunos casos más de un 200%. Sin la guerra de Ucrania, la producción y la exportación de café podrían haber sido mayores y Honduras hubiera tenido más divisas y así más capacidad de gasto para políticas sociales.
En el plano político, la guerra ha profundizado las divisiones entre los países y ha erosionado la confianza en las instituciones y normas internacionales. Y ha reducido los recursos dedicados a la cooperación para el desarrollo.
Esta guerra debe terminar cuanto antes para reorientar positivamente los recursos mundiales. Es necesario que las relaciones internacionales sean previsibles y estables, especialmente en un mundo que se enfrenta a múltiples crisis que se superponen.
En segundo lugar, están en riesgo principios fundamentales para vos. Los principios consagrados en la Carta de Naciones Unidas -soberanía, integridad territorial y solución pacífica de controversias- son compromisos universales, no conceptos occidentales o europeos. Están siendo puestos a prueba en Ucrania. Su respeto es esencial para tu seguridad y la de todos los Estados, grandes y pequeños por igual.
El desenlace de esta guerra determinará en gran medida el valor de estos principios. Y nuestro futuro. Si se recompensa o se normaliza la agresión, la soberanía y la integridad territorial corren el riesgo de convertirse en negociables, lo que debilitaría la estabilidad internacional mucho más allá de Europa. Si Rusia puede cambiar las fronteras por la fuerza, otros se verán tentados a intentarlo también.
Finalmente, ¿cuál es la posición de Ucrania, de la Unión Europea y de Rusia? Ucrania ha mostrado claramente su compromiso con una paz justa y duradera, basada en la seguridad, la soberanía y la prosperidad. La UE apoya decididamente a Ucrania y contribuye activamente a los esfuerzos de paz liderados por Estados Unidos.
La paz debe ser creíble, con garantías que eviten que Putin vuelva a violar sus compromisos, y coherente con el Derecho Internacional. Rusia ha intensificado sus ataques contra la población civil. No vemos indicios de que Rusia se esté preparando para la paz.
Según la ONU, solo en 2025, al menos 2,500 civiles fueron asesinados y más de 12.000 resultaron heridos, lo que supone un aumento del 34 % en comparación con 2024. Rusia es la única responsable de continuar la guerra.
Entendamos el sufrimiento de los ucranianos. Apoyémosles. Contamos con ustedes. Contamos con Honduras. Muchas gracias.
Gonzalo Fournier, embajador de la Unión Europea
Cédric Prieto, embajador de Francia
Iryna Kostiuk, embajadora de Ucrania