La voz en la oscuridad

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.

  • Actualizado: 23 de octubre de 2026 a las 13:05 -

Un ladrón vigilaba un barrio observando casas que quedaban vacías cuando la gente se iba de vacaciones. Observó cómo una familia cargaba sus maletas en el coche y se iban. Esperó hasta la oscuridad y luego se acercó a la puerta del frente y tocó el timbre. No hubo respuesta. El ladrón nítidamente falseó la cerradura y entró. Dijo en la oscuridad: “¿Hay alguien en casa?”. Se asustó cuando oyó una voz que respondía: “Yo te veo, y Zeus te ve”. Aterrado, el ladrón dijo: “¿Quién está allí?”. De nuevo vino la voz: “Yo te veo, y Zeus te ve”. El ladrón pensó para sí: “¿Zeus? Al parecer, esta gente es pagana. Vale más que a mí me criaron como cristiano”. Luego encendió una linterna y dirigió la luz en dirección a la voz. Al instante sintió alivio cuando la luz reveló una cotorra enjaulada repitiendo la frase: “Yo te veo, y Zeus te ve”. El ladrón se rio fuertemente y encendió las luces del recinto. Entonces lo vio. Debajo de la jaula de la lora había un enorme perro dóberman. Entonces la cotorra dijo: “¡Ataca, Zeus, ataca!”.

El ladrón de la historia pensó que podría salirse con la suya, creyendo que lo importante es que nadie fuera testigo de su delito. Son muchos los que manejan esta misma lógica: son una persona en la iglesia, en el trabajo y frente a su familia, y otra frente a una pantalla, en un viaje o en una decisión financiera que nadie revisará. Sin embargo, Proverbios 11:3 afirma: “La integridad de los rectos los encaminará; pero destruirá a los pecadores la perversidad de ellos”. Integridad significa ser entero, sin divisiones. La pregunta que debemos hacernos, entonces, es si lo que ven los demás de nosotros en público es lo mismo que ve Dios en privado.

Por otro lado, al igual que el ladrón del relato, algunas personas creen tener el favor de Dios por haber nacido en un hogar cristiano, por saber algunas partes de la Biblia o por asistir los domingos a la iglesia. Pero la única forma de estar bien con Dios es una entrega real, sincera y total a Cristo y sus enseñanzas. Jesús dijo en Mateo 7:21: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.

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