Hace algunos años, la desinformación se limitaba a rumores o noticias manipuladas. Hoy ha dado un salto más inquietante: la inteligencia artificial permite crear videos hiperrealistas donde una persona aparentemente habla, recomienda o anuncia algo que nunca dijo. A esta tecnología se le conoce como deepfake. Y aunque su desarrollo tiene usos legítimos en el entretenimiento o la innovación digital, también está siendo utilizada para un nuevo tipo de engaño: el fraude sintético.
En las últimas semanas, varios empresarios y figuras públicas han visto cómo su imagen es utilizada en redes sociales para promover supuestas inversiones, oportunidades financieras o productos inexistentes. Los videos parecen reales: el rostro, la voz y los gestos coinciden con la persona auténtica. Pero el contenido es completamente falso. El objetivo es simple: aprovechar la credibilidad de un nombre para engañar a miles de personas.
Este fenómeno no es únicamente un problema de reputación. Es una modalidad emergente de fraude que utiliza inteligencia artificial para suplantar identidades y generar confianza artificial en el público. Mientras las plataformas eliminan una cuenta o un video, aparecen otros nuevos. La lógica de estas campañas es justamente esa: reproducirse más rápido de lo que pueden ser detenidas.
En Honduras, donde el debate sobre inteligencia artificial apenas comienza, estos episodios muestran que no estamos ante un problema lejano o futurista. La manipulación de identidades mediante tecnología ya forma parte del ecosistema digital y financiero actual. Cuando la credibilidad de una persona puede ser clonada, la confianza se convierte en un activo vulnerable.
Durante los últimos años, el análisis de estos problemas de desinformación, abordadas también en mi libro “No Solo Fake News” y en el programa #NoSoloFakeNews que rectoramos, hemos enfrentado a este tipo de tecnologías que transforman la realidad para el engaño y ahora para la estafa y fraude.
La inteligencia artificial seguirá avanzando. Esa es una realidad inevitable. El desafío para empresas, instituciones y ciudadanos será comprender que en esta nueva etapa digital la protección de la identidad pública y la credibilidad se ha convertido en una prioridad.
Porque en la era del fraude sintético, preservar la confianza será tan importante como construirla.