Hay algo que no cuadra: queremos que la gente haga turismo nacional, pero a veces sale más barato agarrar carretera hacia El Salvador que conocer nuestro propio país. Basta con preguntar cuánto cuesta pasar un par de días en Roatán, hospedarse en un hotel o salir con la familia para entender por qué muchos terminan haciendo cuentas y buscando opciones fuera de nuestras fronteras.
Y no, no es que los hondureños no queramos conocer Honduras. Es que el bolsillo también tiene opinión y pocas veces coincide con lo que cuesta vacacionar aquí. Una familia no debería tener que pensarlo dos veces antes de darse unos días de descanso. Si el presupuesto alcanza para más al otro lado de la frontera, es natural que considere viajar. No podemos pedirle a la gente que apoye lo nacional como si el patriotismo fuera una forma de pago. Parte del problema está en los negocios que ven los feriados como la oportunidad de hacer su chanchito. Es comprensible que los costos operativos influyan en las tarifas, pero cuando el precio parece no tener relación con lo que se ofrece, el cliente termina buscando alternativas y quien se siente aprovechado difícilmente tendrá ganas de regresar.
La otra parte le corresponde al Estado. No basta con publicar fotografías de nuestras playas y montañas e invitar a la gente a visitarlas.
También hacen falta carreteras en buenas condiciones, seguridad, servicios adecuados, información clara y una oferta turística que se ajuste a distintos presupuestos. Promocionar Honduras es importante, pero conseguir que la experiencia valga la pena lo es todavía más.
Al final, el dinero que gastamos de vacaciones también mueve la economía. Cuando viajamos fuera, contribuimos a los ingresos de negocios y trabajadores de otro país. Cuando consumimos aquí, podemos ayudar a sostener hoteles, restaurantes, transportistas y pequeños emprendedores hondureños. No se trata de dejar de viajar al extranjero ni de sentir culpa por hacerlo. Se trata de preguntarnos por qué nuestro propio país no siempre resulta la opción más conveniente.
Honduras tiene mucho que ofrecer. Pero tener playas, montañas y pueblos bonitos no basta si disfrutarlos cuesta más de lo que muchas familias pueden pagar. El turismo nacional no necesita que nos regañen por gastar afuera. Necesita darnos buenas razones para quedarnos.