¿Cuánto cuesta llegar a fin de mes?

  • Actualizado: 30 de octubre de 2026 a las 15:09 -

Son cuatro en casa. Dos adultos, dos hijos. Viven en San Pedro Sula, en una vivienda que todavía le pertenece un poco al banco. Tienen un carro, una tarjeta de crédito, un préstamo personal y la sensación cada vez más frecuente de que el mes se vuelve largo antes de que llegue la siguiente quincena.

La compra de alimentos ronda los quince mil lempiras. Carne, pollo, arroz, frijoles, leche, verduras, frutas, productos de limpieza y esas compras pequeñas que se hacen después en la pulpería porque siempre falta algo.

También están los tres cartones de huevo del mes. Si cada uno sube diez lempiras, son treinta más. Parece poco, pero nunca son solo treinta. Sube un producto, luego otro, y la bolsa del supermercado se parece a la de siempre mientras el recibo crece.

Después vienen los servicios. Energía, agua, internet, cable, vigilancia. Cada pago por separado parece manejable, pero todos salen del mismo bolsillo. Si uno baja un poco, otro sube. Si aparece un alivio en la factura eléctrica, quizá el internet, la vigilancia o alguna compra imprevista se encargan de absorberlo.

Está también el carro. En una ciudad industrial y comercial como San Pedro Sula, muchas veces no es lujo, sino parte de la rutina. Gasolina súper para trabajar, llevar a los hijos, comprar, resolver. Veinte o veinticinco galones al mes. Unos lempiras más por galón parecen insignificantes hasta que se multiplican por semanas.

Y está la casa. La hipoteca vence, aunque el supermercado haya salido más caro. También vence la tarjeta. También el préstamo. Los bancos no preguntan si ese mes alguien se enfermó.

Alguien se enferma y viene una consulta médica y después la farmacia.

Medicamentos para la fiebre, la presión, una infección, un dolor o un tratamiento que no puede suspenderse. Tal vez también un examen. Una consulta de ochocientos lempiras puede terminar convirtiéndose en dos mil o tres mil cuando se suma lo que hay que comprar en farmacia. Y si en la casa alguien toma medicamentos todos los meses, ese gasto deja de ser una emergencia y pasa a formar parte fija del presupuesto.

Entonces el dinero comienza a moverse de un lugar a otro. Se paga una cosa y se retrasa otra. Se compra menos. Se usa la tarjeta para completar. Se pospone el dentista, una salida, una reparación del carro.

Y todavía falta terminar el mes.

Ahí está una medida de la economía que pocas estadísticas muestran. No necesariamente pobreza, ni hambre, ni insolvencia. Es presión. La sensación de que el ingreso llega una vez y los gastos llegan todos los días.

Quizá ahí debería comenzar cualquier termómetro social que pretenda medir cómo vive realmente una familia.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias