SAN PEDRO SULA. El celular, la tableta, la computadora y el televisor forman parte de la vida cotidiana de muchos niños, pero cuando las horas frente a una pantalla comienzan a desplazar el sueño, el movimiento, la alimentación o el juego, pueden aparecer consecuencias en la salud.
El sedentarismo prolongado se relaciona con problemas de peso, alteraciones del sueño, molestias musculoesqueléticas y posibles efectos sobre la salud visual. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que durante los primeros años de vida es especialmente importante equilibrar el tiempo sedentario con actividad física y descanso adecuado.
Uno de los principales problemas es precisamente pasar demasiado tiempo sentado. La OMS señala que el sedentarismo en niños y adolescentes se asocia con sobrepeso, peor condición física y una reducción de la duración del sueño.
En sus recomendaciones para menores de cinco años, la organización plantea que “hay que reemplazar los periodos prolongados en que los niños pequeños permanecen sujetos o dedicados a actividades sedentarias frente a una pantalla por juegos más activos, velando al mismo tiempo por que tengan un sueño suficiente de buena calidad”.
La doctora en Medicina General, Nancy Villalobos, explica que las primeras señales pueden observarse incluso en la conducta cotidiana del menor. “Hay que valorar el comportamiento de los niños: el niño está más irritable, tiene dificultad en la concentración para dormir, comer, estudiar, jugar, actividades físicas; ya no quiere estar con otros niños y quiere estar solo en la pantalla”, señala.
Aunque estas manifestaciones también pueden tener otras causas, cuando aparecen junto con un uso excesivo de dispositivos constituyen señales para revisar los hábitos diarios del niño.
El cuerpo resiente el exceso. La salud visual es una de las primeras áreas que sufre daños. Permanecer durante largos periodos realizando actividades de cerca puede producir fatiga visual, sensación de ojos cansados, molestias y dificultad para enfocar.
Además, la evidencia científica ha encontrado una asociación entre mayor exposición a pantallas digitales y miopía. Un metaanálisis publicado en 2025 por la revista JAMA Network Open de la Asociación Médica Estadounidense, reunió 45 estudios y más de 335,000 participantes con una edad media de 9 años, encontró que cada hora adicional diaria de pantalla se asociaba con mayores probabilidades de miopía.
Los investigadores observaron que la asociación aumentaba especialmente entre una y cuatro horas diarias, aunque señalaron que se trata de evidencia observacional y que la relación es compleja.
Mala postura y mal descanso
Por su parte, Villalobos también identifica otros problemas en el resto del cuerpo relacionados con la mala postura, un niño que permanece encorvado durante largos periodos mientras mira una tableta o teléfono puede mantener el cuello flexionado y los hombros hacia adelante durante demasiado tiempo.
Esto puede favorecer molestias musculares y dolores de cuello, espalda o cabeza, especialmente cuando el dispositivo se utiliza durante varias horas sin pausas. Por eso, el problema no depende únicamente del aparato, sino también de cuánto tiempo se utiliza, cómo se utiliza y qué actividades está realizando.
El exceso de pantalla también puede reducir el tiempo dedicado al movimiento. La OMS recomienda que los niños pequeños tengan oportunidades frecuentes de actividad física durante el día: por ejemplo, los niños de 3 y 4 años deberían acumular al menos 180 minutos de actividad física de diferentes intensidades, incluyendo al menos 60 minutos de actividad moderada a vigorosa.
Para los menores de 2 años, la OMS recomienda igualmente grandes cantidades de actividad física distribuida durante el día y desaconseja el tiempo sedentario frente a pantallas en los niños de 1 año.
Cuando el tiempo sedentario se vuelve parte de la rutina diaria, también puede contribuir a un entorno favorable para el aumento de peso.
Los estudios han encontrado una asociación entre mayor tiempo de pantalla y obesidad infantil; los niños ubicados en las categorías más altas de exposición presentaron mayores probabilidades de obesidad, aunque los autores señalaron que muchos estudios incluidos eran observacionales y que se necesitan investigaciones longitudinales para establecer mejor la relación causal.
El sueño también puede verse afectado cuando los dispositivos ocupan buena parte de la tarde o la noche. La doctora Villalobos explica “ si el niño todo el día está viendo pantallas, puede haber dificultad en el sueño y no descansar bien, entonces al día siguiente es un niño que no quiere ir a la escuela, que presenta cansancio, que está irritable, que no tiene concentración y no tiene un rendimiento adecuado a nivel de su escuelita”, detalla.
Recomendaciones
La solución no consiste necesariamente en eliminar toda tecnología. Las pantallas pueden formar parte de las actividades educativas y recreativas de los niños; la clave está en evitar que sustituyan aquello que el organismo necesita para crecer: movimiento, sueño, alimentación, interacción familiar y juego.
Villalobos recomienda establecer límites claros: “El uso de la pantalla tiene que tener límites claros tanto en horario, procurando que las pantallas no interfieran en el sueño, en la comida, en las actividades escolares, en tiempo y familia”.