SAN PEDRO SULA. La depresión puede comenzar de manera silenciosa y avanzar mucho más allá de un simple momento de tristeza.
Puede cambiar la forma en que una persona piensa, siente, duerme, se relaciona y enfrenta sus actividades cotidianas. Aunque suele asociarse únicamente con la tristeza, existen diferentes formas de depresión y no todas se manifiestan con los mismos síntomas ni tienen la misma duración.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como un trastorno mental frecuente que puede afectar la vida familiar, escolar y social.
Además de la tristeza, durante un episodio depresivo pueden aparecer otros síntomas como irritabilidad, sensación de vacío o pérdida del interés y placer por actividades que antes resultaban agradables.
La OMS señala que estos síntomas suelen estar acompañados de cambios en el sueño, apetito, energía, concentración, autoestima o pensamientos sobre la muerte.
No es igual para todas las personas
De acuerdo con la psicóloga Claudia Avilés, desde los manuales diagnósticos pueden encontrarse diferentes formas de presentación de los trastornos depresivos.
Entre ellas menciona la depresión mayor, la depresión persistente o recurrente y la distimia, término que algunas personas utilizan para referirse a una depresión de menor intensidad pero prolongada.
En este último caso, explica que la persona puede continuar con sus actividades laborales, familiares o recreativas, aunque experimente síntomas depresivos.
También menciona cuadros relacionados con determinadas circunstancias, como la depresión estacional, asociada a determinadas épocas del año, y síntomas depresivos vinculados con pérdidas, rupturas u otras situaciones vitales.
En una depresión de mayor gravedad pueden aparecer aislamiento, abandono del cuidado personal, alteraciones importantes en las actividades cotidianas y pensamientos relacionados con la muerte o conductas autolesivas.
La OMS también identifica los pensamientos de muerte o suicidio entre los posibles síntomas de un episodio depresivo y advierte que las personas con depresión tienen un mayor riesgo de suicidio.
Otras formas de depresión
La especialista también menciona que algunas mujeres pueden sufrir la depresión posparto, mientras que la depresión estacional puede aparecer en determinadas épocas o circunstancias en hombres y mujeres.
También existe el malestar emocional asociado a un duelo o una pérdida, aunque es importante no confundir automáticamente una reacción normal de duelo o tristeza con un trastorno depresivo.
La diferencia requiere una valoración profesional que considere la intensidad, duración, síntomas y afectación del funcionamiento. Por ello, Avilés subraya que “la diferencia de ellos es el periodo de duración” y que también deben observarse la frecuencia y persistencia de los cambios emocionales y conductuales.
Depresión infantil
En los niños, reconocer una depresión puede ser especialmente difícil porque no necesariamente se manifiesta como tristeza evidente. “En los niños, lo determinamos por la conducta, como es en el salón de clases”, explica Avilés.
Por ello, padres, docentes y cuidadores pueden prestar atención a modificaciones persistentes en el rendimiento escolar, aislamiento, irritabilidad, pérdida de interés por juegos o pasatiempos, cambios en el apetito y sueño, cansancio o expresiones de desesperanza.
No significa que cada rabieta, dolor de estómago o cambio de conducta sea depresión; lo importante es observar si los cambios se mantienen, se repiten y afectan diferentes áreas de la vida.
Las circunstancias familiares también pueden influir en el bienestar emocional de los menores. Avilés menciona situaciones como separaciones, pérdidas de uno de los padres, cambios en la estructura familiar o la presencia de diferentes cuidadores. Sin embargo, estos acontecimientos no significan por sí mismos que un niño desarrollará depresión.
La OMS explica que la depresión surge de una interacción compleja de factores sociales, psicológicos y biológicos, y que experiencias adversas, pérdidas importantes y problemas escolares pueden aumentar el riesgo.
Evaluación y tratamiento
Ante señales persistentes, el primer paso debe ser una evaluación realizada por un profesional de salud mental o un médico capacitado. El tratamiento dependerá de la edad, gravedad, síntomas, contexto familiar y necesidades particulares del niño.
Las intervenciones psicológicas pueden incluir estrategias conductuales y cognitivo-conductuales, y que la familia debe participar cuando sea apropiado.
En cuanto a los medicamentos, la OMS establece una diferencia importante respecto a los adultos: “Los antidepresivos no se deben utilizar para tratar la depresión en niños ni como tratamiento de primera elección en adolescentes”.
En los adolescentes con cuadros moderados o graves, determinados medicamentos pueden considerarse bajo supervisión especializada cuando las intervenciones psicosociales no han sido suficientes.
Por esta razón, ningún padre debe administrar antidepresivos a un niño por cuenta propia ni utilizar medicamentos prescritos para otra persona.
La psicoterapia, el acompañamiento familiar y la coordinación con la escuela pueden formar parte de la atención. Escuchar al menor sin minimizar lo que siente, mantener rutinas de sueño y alimentación, favorecer actividades apropiadas para su edad y mantener una comunicación abierta son medidas de apoyo, pero no sustituyen una evaluación profesional cuando existen síntomas persistentes.