SAN PEDRO SULA. La infancia está llena de movimiento, curiosidad, impulsividad y momentos de poca concentración, es normal que un niño corra por toda la casa, hable sin parar, se distraiga con una mosca o parezca tener un motor incorporado, esto no significa automáticamente que tenga trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
La diferencia comienza a observarse cuando estos comportamientos son persistentes, intensos y terminan interfiriendo de manera significativa en la vida cotidiana, la escuela, las relaciones familiares o la convivencia con otros niños, así lo señalan los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.
¿Qué es el TDAH?
Es un trastorno del neurodesarrollo que puede manifestarse principalmente mediante inatención, hiperactividad e impulsividad. Por eso, un pequeño que constantemente pierde sus útiles, olvida instrucciones, interrumpe conversaciones, tiene dificultad para permanecer sentado o cambia de actividad antes de terminar puede estar mostrando señales que merecen atención.
Sin embargo, un comportamiento aislado no basta para establecer un diagnóstico. La guía clínica de la Academia Americana de Pediatría (AAP) indica que la evaluación debe considerar los síntomas, el impacto que tienen en el funcionamiento del niño y la información proporcionada por diferentes personas que lo conocen, como padres y maestros.
Un ejemplo sencillo: Un niño de ocho años durante una fiesta corre, salta, habla fuerte y no quiere sentarse a cenar. Eso, por sí solo, puede ser simplemente comportamiento infantil.
Pero si durante meses también tiene enormes dificultades para terminar tareas escolares, pierde constantemente sus cosas, interrumpe a sus compañeros, no logra seguir instrucciones y estas situaciones ocurren tanto en casa como en la escuela, entonces conviene consultar a un profesional.
Impacto en el día a día
La guía del Instituto Nacional para la Excelencia en la Salud y la Atención (NICE en inglés), establece otro punto fundamental: un niño con TDAH no necesariamente presenta todos los comportamientos de manera permanente ni con la misma intensidad.
Puede existir un niño que parezca capaz de concentrarse durante horas cuando juega videojuegos o construye algo que le apasiona y, al mismo tiempo, sea incapaz de terminar una tarea escolar de 15 minutos.
Esto no significa que “no quiera” prestar atención; las dificultades pueden variar dependiendo de la actividad, el entorno y las demandas que enfrenta.
También es importante evitar explicaciones rápidas. Problemas de sueño, ansiedad, dificultades de aprendizaje, problemas emocionales y otras condiciones del desarrollo pueden producir comportamientos que se parecen al TDAH.
La AAP recomienda que durante la evaluación se consideren estas posibles causas y condiciones coexistentes antes de establecer un diagnóstico.
Diferencias
La psicóloga María Fernanda Alvarado enfatiza que detrás de ciertas conductas que los adultos pueden interpretar como desobediencia existe un niño que necesita acompañamiento y comprensión: “Los niños con TDAH no son malcriados, simplemente son niños que sienten el mundo con intensidad.
Todo les llega más fuerte: el ruido, la emoción, el rechazo, el error, entre otras cosas”. Por ejemplo, imaginemos a Sofía, de nueve años. Su madre le pide tres veces que guarde los juguetes, prepare la mochila y se ponga el uniforme. Sofía comienza una cosa, se distrae con otra, se levanta, conversa y finalmente termina llorando porque siente que no puede completar todo.
Decir simplemente “eres floja” o “no quieres hacer caso” no explica lo que está ocurriendo. Una evaluación profesional puede ayudar a determinar si existe TDAH, otra dificultad o una necesidad de estructura y acompañamiento.
Recomendaciones
La psicóloga Barahona lo resume: “Lo que un niño con TDAH necesita no es control, sino contención. Un adulto que les diga: estoy aquí, no estás solo, vamos a aprender juntos.’” Y esa diferencia puede ser enorme; no es lo mismo acompañar a un niño que está teniendo dificultades que hacerlo sentir culpable.
También recuerda que el proceso puede ser emocionalmente exigente para toda la familia: “El TDAH no se cura con castigos, se acompaña con paciencia, con estructura, con amor. Y también con lágrimas, abrazos y mucha esperanza”.
Por eso, ante la duda, el camino no debería comenzar con etiquetas ni castigos, sino con observación y orientación.En conclusión, si sospecha que su hijo puede tener TDAH, lo recomendable es consultar con un profesional capacitado para realizar una evaluación integral.