SAN PEDRO SULA. Hablar de medicamentos antidepresivos en niños puede despertar muchas dudas y temores entre los padres: ¿son realmente necesarios?, ¿pueden generar dependencia?, ¿cuándo se deben utilizar?.
La respuesta no es tan sencilla como un “sí” o un “no”, ya que en salud mental infantil, la decisión de medicar depende de la edad, el diagnóstico, la intensidad de los síntomas, el impacto en la vida cotidiana y la respuesta a otras intervenciones.
Casos específicos y señales de alerta
En la práctica clínica, uno de los aspectos que permite determinar la necesidad de tratamiento es cuánto está interfiriendo el problema en la vida del menor.
El psiquiatra infantil Misael Pineda explica: “En la población pediátrica lo podemos dividir en dos grupos: niños y adolescentes. En los niños, lo más usual suele ser el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), el autismo y los problemas conductuales. En los adolescentes, suelen ser más frecuentes la depresión, la ansiedad y el TDAH”.
Y añade que el criterio fundamental para valorar un tratamiento farmacológico es que exista “un deterioro o un mal funcionamiento en áreas como la académica, social, familiar o individual”.
Tipos de medicamentos
Los medicamentos utilizados en psiquiatría infantil abarcan distintas familias y responden a diagnósticos y síntomas diferentes. El doctor Pineda señala que “existen medicamentos que ayudan a regular emocionalmente al paciente, como los antidepresivos y ansiolíticos; otros que ayudan a mejorar la atención, la concentración y la impulsividad; y también medicamentos que pueden ayudar con la regulación de la conducta, el sueño y, en determinados casos, con síntomas psicóticos”.
En el caso específico de la depresión, la OMS establece que, cuando un adolescente de 13 a 17 años presenta depresión moderada o grave y las intervenciones psicosociales no han sido suficientes, puede considerarse la fluoxetina junto con tratamiento psicológico, pero únicamente bajo supervisión especializada.
En este sentido, se recomienda que sean los padres o cuidadores quienes administren y supervisen el medicamento y si se presenta algún efecto secundario importante o no deseado, deben comunicarse con su médico o acudir a un servicio de emergencia cuando sea necesario.
Precauciones y posibles efectos
Como cualquier otro fármaco, el experto advierte que estos medicamentos pueden presentar efectos secundarios. “En su mayoría pueden ser gastrointestinales, como gases, diarrea o dolor abdominal; también pueden presentarse mareos o dolores de cabeza, además de otros efectos menos frecuentes, que se explican durante la consulta médica”.
En este sentido, el Dr. Pineda invita a una reflexión sobre la importancia del tratamiento: Más que enfocarnos únicamente en el temor a los efectos secundarios, me gusta exhortar a los padres a hacerse una pregunta: “¿cuál podría ser el efecto de no tomar un medicamento que puede ayudar a mi hijo a mejorar su calidad de vida, su desempeño escolar o sus relaciones familiares y sociales?”.
Acompañamiento familiar y escolar
El tratamiento no se desarrolla solo en el consultorio médico. El entorno del menor es una pieza clave para detectar cambios, observar la evolución y ayudar a que las estrategias aprendidas durante la terapia también funcionen en casa y en el colegio.
Pineda destaca precisamente la importancia de construir una red alrededor del paciente: “La familia es un pilar muy importante, ya que debe comprender la condición del paciente y las limitaciones que puede presentar al atravesar un problema de salud mental o del neurodesarrollo”.
Duración del tratamiento
Pineda aclara que la duración no puede determinarse completamente desde el día uno: “Cuando un paciente inicia un tratamiento, no siempre podemos predecir quién necesitará un tratamiento a corto plazo y quién requerirá uno más prolongado, ya que cada persona tiene características, necesidades y una evolución diferente”.
Por ello, el seguimiento periódico permite determinar cuándo es apropiado modificar o finalizar el tratamiento.No se debe suspender un medicamento psiquiátrico por decisión propia.