SAN PEDRO SULA. Cuando mamá y papá deciden tomar caminos separados, para un niño no siempre significa simplemente “vivir en dos casas”. Puede significar preguntarse por qué ya no cenan juntos, por qué las vacaciones cambiaron o incluso si él tuvo algo que ver con la separación.
Mientras los adultos intentan reorganizar sus vidas, algunos pequeños pueden quedarse lidiando con emociones que no saben cómo nombrar: tristeza, miedo, enojo, culpa o una sensación de abandono.
Por eso, más que preguntarnos únicamente “¿cómo afecta el divorcio a los niños?”, es importante preguntarnos qué necesitan ellos durante ese proceso.
Escucharlos, validar sus emociones, mantener rutinas y dejarles claro que la separación no es su culpa, puede marcar una enorme diferencia. Porque detrás de un niño que “se porta mal” puede existir un mundo de emociones que todavía no sabe cómo expresar.
Señales de alerta
El divorcio, por sí solo, no determina que un niño desarrollará depresión pero sí puede traer cambios. Por ejemplo, un niño que antes esperaba con emoción el fin de semana puede comenzar a decir que no quiere salir de su habitación; una niña que era muy comunicativa puede volverse silenciosa o perder interés en jugar con sus amigos.
En los adolescentes también pueden aparecer cambios en el sueño, el apetito, el rendimiento escolar, aislamiento o conductas que antes no estaban presentes, explica la psicóloga María Fernanda Alvarado.
La responsabilidad de ambos padres
Aunque la relación de pareja termine, las responsabilidades como padres continúan. “Cuando hay una separación de pareja debemos entender que esta no significa separarse de las responsabilidades que tienen como mamá y papá.
Lo que se separa es la pareja; lo que deja de funcionar es la pareja, pero no deja de ser mamá ni deja de ser papá”, explica la experta, quien insiste en que ambos deben garantizar que los hijos continúen sintiéndose queridos y seguros.
Los niños no deben estar en medio del conflicto
Uno de los mayores riesgos para la salud emocional de los menores aparece cuando son colocados en medio de las diferencias entre sus padres.
“Los niños no deberían estar en esa posición de tener que escoger quién es el bueno y quién es el malo. Para proteger su salud mental es importante que puedan mantener ciertas rutinas, establecer acuerdos donde haya límites consistentes entre los adultos y reducir la exposición de los niños al conflicto”, enfatiza Alvarado.
También es importante que puedan expresar lo que sienten sin temor a lastimar o molestar a ninguno de sus padres.
La edad del niño influye en su comportamiento
La forma en que un niño comprende la separación también está relacionada con su etapa de desarrollo. En los más pequeños pueden aparecer temores relacionados con quién los cuidará o incluso la idea de que ellos provocaron la separación.
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Durante la edad escolar pueden comprender mejor que sus padres dejaron de ser pareja, aunque todavía pueden sentirse responsables. En la adolescencia, en cambio, pueden surgir enojo, cuestionamientos y hasta una tendencia a asumir el papel de cuidador emocional de uno de los padres.
El divorcio es problema de adultos
Proteger a los hijos no significa ocultarles la realidad, pero tampoco convertirlos en espectadores de los problemas de pareja. Los menores necesitan conocer aquello que afecta directamente su vida: dónde vivirán, cuándo estarán con mamá o papá y qué rutinas cambiarán.
“Los niños no necesitan conocer todos los detalles de la separación y el conflicto de pareja para entender que se están separando. Solo necesitan información que les ayude a comprender lo que está pasando en aquellos aspectos donde sí están involucrados como niños”, explica Alvarado. Infidelidades, problemas económicos o detalles íntimos de la relación deben permanecer entre los adultos.
¿Cómo manejar las discusiones de pareja?
En el caso de cuando hay una discusión, lo ideal es que no suceda frente a ellos, que no hablen mal de la otra parte frente a ellos, no pedirles que sean los intermediarios o dile a tu mamá tal cosa, dile a tu papá esto.
Ellos no son nuestros mensajeros, reitera la psicóloga, quien aconseja que sí se puede decirles la verdad de una manera adecuada, sin explicar cosas que a ellos no les competen, por ejemplo: “mamá y papá estamos teniendo algunos problemas que no hemos podido resolver y por eso hemos decidido vivir en casas diferentes”, hasta ahí, no es saludable para un niño saber todo el contexto, más cuando ha ocurrido algo grave.
Lo que realmente debe ser prioridad es la salud mental de los niños y adolescentes y, para esto, los padres no necesitan pensar igual para construir un entorno emocionalmente seguro para sus hijos.Lo fundamental es evitar que los menores sean mensajeros, jueces o confidentes de los conflictos de pareja.
“Padres, lo que necesitan es construir acuerdos sobre aquello que el niño necesita para seguir creciendo de la manera más saludable”, concluye la especialista.
Y si ya existen señales de depresión, Alvarado recuerda que pedir ayuda no significa haber fracasado como padres: la intervención profesional puede ayudar tanto al menor como a sus padres a encontrar la mejor manera de acompañarlo y entender este proceso.