San Pedro Sula, Honduras. La cancelación definitiva del Estatus de Protección Temporal (TPS) para los hondureños en Estados Unidos plantea un nuevo desafío para la economía nacional, el de generar oportunidades para quienes podrían regresar a un mercado laboral que ya enfrenta dificultades para crear suficiente empleo formal.
Más de 70,000 compatriotas estaban amparados bajo este estatus, por lo que organizaciones como la Comisión de Acción Social Menonita (CASM) han pedido al gobierno declarar una emergencia migratoria para prepararse ante un eventual aumento de retornos.
Para el economista Rafael Delgado, esta realidad añade más presión sobre un mercado laboral que arrastra problemas desde hace años, donde buena parte de la población en busca de empleo no logra conseguir una oportunidad, mientras que otra termina aceptando jornadas parciales o empleos informales.
A la falta de oportunidades, señala, se suma una brecha entre las habilidades de los trabajadores y las que requieren las empresas, una combinación que considera parte de un problema estructural.
"Necesitamos que se fortalezca la formación técnica, si no tenemos un sistema técnico profesional que forme y eduque a la gente que estamos necesitando en la producción, no vamos a salir adelante en temas de empleo, ingresos y competitividad”, expresó.
Un panorama complejo
El actual panorama obliga también a evaluar la capacidad que tiene actualmente la economía nacional para crear nuevos puestos de trabajo, y es ahí donde surge otro desafío, debido a que algunos de los sectores que durante décadas han sido importantes generadores de empleo y divisas, atraviesan un período de menor dinamismo.
Uno de ellos es la maquila. La industria continúa teniendo un peso importante en la economía hondureña, empleando a unas 129,239 personas en 2024, equivalentes al 3.5% de la fuerza laboral nacional, según informes del Banco Central de Honduras (BCH).
Buena parte de ese desarrollo ha estado ligado al régimen de Zonas Libres (ZOLI), cuyo objetivo es atraer inversión, generar empleo y potenciar las exportaciones. El BCH incluye dentro de este esquema a las empresas que conforman la industria de bienes para transformación, concentrada principalmente en textiles, maquinaria y aparatos eléctricos, entre ellos los arneses.
Ese modelo permitió que la maquila ganara espacio en la producción y el empleo, particularmente en el valle de Sula. En un estudio reciente, el economista Ian Walker, recordó que en la primera década de este siglo las actividades orientadas a la exportación, entre ellas la confección de prendas y el ensamblaje de productos electrónicos, adquirieron mayor participación en la economía hondureña.
La relación con Estados Unidos ha sido clave en ese crecimiento, pero también representa una de sus principales vulnerabilidades. El BCH reportó que la maquila mantiene una fuerte concentración de sus exportaciones hacia ese mercado, pero este año el panorama ha sido menos favorable.
Aunque la actividad económica del país creció 3.3% a mayo de 2026, la industria manufacturera cayó 0.2%. El BCH atribuye parte de esa reducción a una menor demanda de prendas de vestir en Estados Unidos y a la disminución de las ventas de arneses para vehículos.
Delgado señaló que el nuevo arancel del 10% aplicado desde finales de julio a mercancías hondureñas que ingresan a Estados Unidos, entre ellas los textiles, puede restar competitividad a las exportaciones.
A esto se agrega el cierre de plantas maquiladoras en el país. A enero 2026, la Central General de Trabajadores (CGT) estimaba que unos 60,000 puestos de trabajo se han perdido en los últimos dos años, producto del cierre de al menos 18 empresas maquiladoras y los despidos registrados en otras fábricas que continúan operando.
Diversificar para generar nuevos empleos
El economista indicó que las autoridades hondureñas deben buscar mejores condiciones comerciales con el país norteamericano, así como ampliar las actividades capaces de generar empleo.
Desde su punto de vista, el país debió avanzar hace tiempo hacia una mayor diversificación de su economía y de sus exportaciones. El experto recordó que Honduras pasó de una fuerte dependencia del banano a desarrollar la producción de café y, posteriormente, el conglomerado maquilador-textil.
“Debemos seguir ascendiendo en la cadena de valor”, dijo. Para Delgado, diversificar la estructura exportadora permitiría generar empleo e ingresos, pero también nuevas fuentes de divisas. “La diversificación de las exportaciones sigue siendo una tarea inacabada en el país”, afirmó.
El planteamiento encuentra eco en el estudio de Walker, titulado "Desarrollo Estancad", que sostiene que Honduras todavía tiene posibilidades de generar empleos más productivos tanto en la industria como en la agricultura y los servicios.
El análisis identifica oportunidades en actividades como materiales de construcción, envases, alimentos procesados y agroindustria, además del nearshoring y de servicios que pueden aprovechar una mayor conectividad digital.
Sin embargo, el propio estudio aclara que no se trata de sustituir los sectores existentes y que siguen siendo importantes empleadores, sino de ampliar las fuentes de crecimiento de la economía.
Pero avanzar hacia nuevas actividades requiere también más inversión. Delgado consideró que Honduras todavía no muestra un cambio sustancial en ese frente, ya que asegura que se observan visitas y misiones exploratorias de inversionistas extranjeros, pero que no necesariamente terminan concretándose en proyectos.
Por ello, sostiene que los esfuerzos no deben concentrarse solo en atraer capital del exterior, sino también en facilitar que empresarios y emprendedores nacionales puedan invertir y crecer.
Los datos del BCH muestran precisamente un panorama mixto. Durante el primer trimestre de 2026, la inversión extranjera directa hacia Honduras sumó $213.4 millones, por debajo de los $292.3 millones registrados ese mismo período de 2025. Al mismo tiempo, las utilidades reinvertidas por empresas que ya operan en el país aumentaron 50.6%, hasta alcanzar $445.3 millones.
En una entrevista reciente, el ministro asesor de inversiones, Epaminondas Marinakys, destacó ese aumento de las reinversiones como una señal de confianza e informó que empresas de Estados Unidos y Europa han mostrado interés en Honduras.
Sin embargo, reconoció que todavía existen obstáculos importantes para concretar nuevas inversiones, entre ellos el suministro de energía, que considera indispensable para cualquier empresa que busque instalarse o ampliar operaciones.
Para Delgado, mejorar las condiciones de inversión exige también fortalecer la institucionalidad y la seguridad jurídica, ampliar el acceso al financiamiento y continuar formando trabajadores para las actividades que el país busca desarrollar.
Walker por su parte, propone una conclusión similar en su estudio, que fue publicado este año, al afirmar que convertir nuevas oportunidades en crecimiento y empleo requiere coordinación entre inversión, políticas públicas e instituciones confiables.
A ese panorama se suma que, según la LXXXIV Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples del Instituto Nacional de Estadística (INE), Honduras tenía en 2026 una fuerza de trabajo de 4,085,577 personas, de las cuales 3,795,263 estaban ocupadas y 290,314 desocupadas. La tasa de desocupación nacional se ubicó en 7.1%, por encima del 4.9% registrado un año antes.
La encuesta también evidencia que el problema laboral no se limita a quienes no tienen empleo. El INE contabilizó 1,611,040 personas subocupadas, entre ellas 1,293,387 clasificadas en subocupación por insuficiencia de ingresos y 317,654 por insuficiencia de tiempo. Además, 176,128 personas integraban la denominada fuerza de trabajo potencial.
En cuanto a la estructura del empleo, 53.3% de las personas ocupadas trabaja en el sector privado, mientras 29.1% lo hace por cuenta propia. El empleo público representa 6.7%, el trabajo doméstico 3.5%, el trabajo familiar 3.4% y los contratistas dependientes 4%, lo que muestra el peso que tienen tanto las empresas privadas como el autoempleo dentro del mercado laboral hondureño.
Los ingresos también reflejan diferencias importantes. El ingreso promedio mensual por trabajo fue de L10,356 en 2026, un aumento de 6.9% frente a los L9,682 del año anterior. Sin embargo, en el área urbana el promedio llegó a L12,167, mientras en la zona rural fue de L7,609. Estos datos forman parte del escenario al que podrían incorporarse los hondureños que eventualmente regresen al país tras la cancelación del TPS.
Anabel Gallardo, presidenta del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) dijo durante su visita a San Pedro Sula que los índice de empleo y desempleo revelados recientemente por el INE, son datos que no son nuevos, sino que se han mantenido en los últimos 15 años.
"Yo creo que a esto los gobiernos deberían ponerle atención porque es algo que no ha mejorado. Mi consejo es trabajar juntos, todos -gobierno, empresa privada, universidades, organizaciones internacionales que dan apoyo-, para ver cómo mejoramos", dijo.
A su vez autocuestionó cómo es posible mejorar un índice de pobreza, y respondió que generando inversión. "Que una familia tenga acceso a poder producir algo en el lugar donde vive, que podamos tener seguridad jurídica congruente, que podamos tener seguridad ciudadana, porque ese tema hace que muchos teman invertir y quedarse en el país", finalizó Gallardo.