A las 6:30 am, como lo ha hecho durante gran parte de su vida, don Euterio Hernández abre las puertas de su local en el Mercado Guamilito. A sus 87 años, el trabajo sigue siendo parte de su rutina y, según afirma, también de su bienestar.
"El puesto es como una distracción a mi edad. Yo llego a las 6:30 de la mañana y a las 4:00 de la tarde me voy. Trabajo diez horas; ya me canso, ya me duelen los pies de estar parado", comenta mientras atiende a los visitantes que recorren los pasillos del emblemático mercado sampedrano.
Originario de Intibucá, llegó a San Pedro Sula durante el conflicto entre Honduras y El Salvador. Fue el amor el que lo convenció de quedarse en la ciudad y comenzar una nueva vida en el Mercado Guamilito, donde levantó el negocio que durante décadas ha sido el sustento de su familia. Entre estos pasillos crecieron sus cinco hijos, quienes hicieron del mercado una segunda casa.
Con una sonrisa recuerda los primeros años del recinto. "Un local costaba 50 centavos el alquiler", relata al evocar la época en que el Guamilito comenzaba a consolidarse como uno de los principales mercados turísticos de la ciudad.
La historia de don Euterio es apenas una de las cientos que han dado vida al Mercado Guamilito, que este año celebra seis décadas como uno de los principales símbolos culturales, turísticos y comerciales de San Pedro Sula. No recuerdan una fecha exacta, pero saben que es a finales de junio.
Ubicado en el tradicional barrio Guamilito, el mercado es reconocido por concentrar una amplia oferta de artesanías hondureñas, gastronomía típica y productos tradicionales que reflejan la identidad del país.
Durante décadas ha sido una parada obligatoria para visitantes nacionales y extranjeros interesados en conocer la cultura hondureña a través de textiles, tallados en madera, artículos de cuero, recuerdos elaborados por artesanos y una amplia variedad de expresiones del talento nacional.
Su riqueza también se expresa en la gastronomía. Las tradicionales tortillas de maíz preparadas al momento continúan siendo uno de los mayores atractivos para quienes llegan al mercado, junto con los comedores que ofrecen platillos típicos hondureños y recetas transmitidas de generación en generación.
El recinto también alberga puestos de flores frescas, frutas, verduras, especias y otros productos que diariamente abastecen a cientos de familias sampedranas, consolidándose como un importante centro de actividad económica.
Más allá del turismo, el Mercado Guamilito conserva una clientela fiel que ha mantenido viva la tradición de comprar en sus locales. Ese es el caso de don Alonso (de 76 años), quien visita el mercado desde 1973. Durante 19 años también tuvo un negocio en el recinto y hoy continúa recorriendo sus pasillos, convencido de que este lugar forma parte de la historia de San Pedro Sula.
Entre los comerciantes más antiguos también destaca don Mario Martínez, uno de los pioneros del mercado. Nacido en 1947, comenzó a trabajar junto a su madre en la tercera avenida del centro de la ciudad. Tras el deterioro del antiguo mercado, ambos fueron trasladados al Guamilito, cuando muchos comerciantes rechazaron mudarse.
"Nos vinieron a dejar acá y casi nadie quería entrar. Éramos apenas tres o cinco comerciantes, pero como los locales eran gratuitos decidimos quedarnos", recuerda.
Su negocio comenzó con la venta de verduras, pero con el paso de los años evolucionó hasta convertirse en un local especializado en trajes típicos, sombreros, camisas y otros artículos representativos de la cultura hondureña.
Don Mario también guarda uno de los recuerdos más dolorosos en la historia reciente del mercado: el incendio que destruyó gran parte de sus instalaciones.
"Cuando el mercado se quemó perdimos un patrimonio de más de 50 años de trabajo. Verlo reducido a cenizas fue muy duro para muchos. Nos dijeron que nos iban a ayudar, pero esa ayuda nunca llegó. Poco a poco hemos salido adelante con préstamos y mucho esfuerzo", relata.
Otra de las historias que reflejan la esencia del Guamilito es la de doña Yolani, quien desde hace 38 años confecciona trajes típicos hondureños. Antes de independizarse trabajó durante seis años con otra modista, experiencia que le permitió perfeccionar su oficio y abrir su propio negocio dentro del mercado.
Hoy es reconocida por elaborar vestuarios para grupos de danza folclórica, celebraciones del Día del Indio Lempira y otras actividades culturales, labor que la ha convertido en una de las artesanas más apreciadas por sus clientes.
Historias como las de don Euterio, don Mario, don Alonso y doña Yolani demuestran que el Mercado Guamilito es mucho más que un centro de compras. Durante seis décadas ha sido escenario de esfuerzo, emprendimiento y tradición, consolidándose como uno de los lugares más emblemáticos de San Pedro Sula.
Su riqueza artesanal, su gastronomía y el legado de quienes han construido su historia continúan atrayendo a sampedranos y visitantes nacionales y extranjeros, que encuentran en sus pasillos una expresión viva de la identidad hondureña.