El Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa. Desde muy temprano, las calles cercanas a parroquias y templos se llenaron de feligreses que caminaron con ramos de palma en las manos: algunos sencillos y otros tejidos con esmero en forma de cruces, corazones o adornados con flores evocando la fe heredada de generación en generación.
Para la comunidad católica no es un domingo cualquiera y este año fue diferente por el clima lluvioso. Es el día que da inicio a uno de los momentos más significativos del calendario litúrgico que revive la pasión y muerte de Jesús.
A pesar de la lluvia, las procesiones estuvieron nutridas en algunas parroquias de la Arquidiócesis de San Pedro Sula y algunas comunidades católicas hicieron la bendición de Ramos en los templos. El Merendón con su parroquia de Nuestra Señora de los Remedios por primera vez celebró una misa de Domingo de Ramos.
“Desde niña mi mamá me traía a bendecir las palmas, ahora vengo con mis hijos y ellos lo harán con mis nietos”, dice María García, vecina de la colonia Ruiz, mientras acomoda los ramos que cargará durante la procesión.
Para ella, es una forma de recordar que la fe también se vive en familia. Madrugó para llegar al Instituto María Auxiliadora, donde se realiza la bendición de ramos de la parroquia San Pedro Apóstol.
Tradicionalmente la procesión es encabezada por el arzobispo Miguel Lenihan, pero este año no estuvo presente debido a que se encuentra en Irlanda, su país de origen, sometiéndose a una operación en ambas rodillas.
La salud del obispo ha estado presente en las intenciones de las distintas eucaristías de la arquidiócesis y los fieles también elevaron oraciones por su pronta recuperación, ya que estará ausente en las actividades litúrgicas de la Semana Santa.
La procesión de Domingo de Ramos de la parroquia San Pedro Apóstol es una de las principales de la ciudad. Sale desde el Instituto María Auxiliadora, recorre la primera calle y finaliza en la catedral, donde se realiza otra bendición de ramos.
Entrada triunfal a Jerusalen
La procesión es encabezada por la imagen de Jesús sobre un burrito, en representación de su entrada triunfal a Jerusalén cuando fue recibido por una multitud que lo aclamaba agitando ramas de palma. En la tradición católica, este gesto simboliza reconocimiento, esperanza y fe.
En distintos puntos de San Pedro Sula y a diferentes horas se realizan procesiones similares, por lo que historias como la de María García se repiten en toda la ciudad.
En las afueras de los templos, vendedores ofrecen ramos recién elaborados, muchos hechos a mano en comunidades cercanas como El Merendón.
Juana Martínez, comerciante, lleva más de una década vendiendo palmas frente a la catedral San Pedro Apóstol, mientras otros familiares lo hacen en el Instituto María Auxiliadora.
“Esta fecha no es solo trabajo, es tradición. La gente busca su ramito con devoción, y eso no ha cambiado. Nosotros contentos de ayudar y poder agenciarnos de algún dinerito”, afirma.
Glenis Mejía, párroco de la catedral San Pedro Apóstol, explica que las palmas bendecidas no son un amuleto, sino un recordatorio del compromiso cristiano.
“Representan la bienvenida a Cristo en nuestra vida y el inicio de un camino que nos lleva a la Pasión, Muerte y Resurrección”, dice el sacerdote.
La procesión fue presidida por el obispo emérito Ángel Garachana. Antes de comenzar la procesión, el obispo dirigió un mensaje a los presentes para recordar el verdadero significado de esta fecha.
Los fieles participan en una procesión que recrea ese momento bíblico. Con cantos y oraciones, la comunidad revive una escena que, aunque ocurrió hace siglos, mantiene un profundo significado espiritual.
Palmas del Merendón
En San Pedro Sula, el Domingo de Ramos también tiene un componente cultural. Las palmas tejidas son consideradas pequeñas obras de arte popular, cuya elaboración se transmite de generación en generación, especialmente en comunidades del Merendón.
Muchas familias conservan la tradición de guardar las palmas bendecidas durante todo el año en sus hogares, colocándolas detrás de puertas o en altares como símbolo de fe.
Las palmas que se conservan posteriormente son incineradas para obtener la ceniza utilizada el Miércoles de Ceniza, con la que se marca a los fieles recordando que: “polvo somos y en polvo nos convertiremos”.
Más allá de la tradición visible, el Domingo de Ramos invita a la reflexión. Es la puerta de entrada a la Semana Santa, que recuerda los momentos más importantes de la vida de Jesús: su entrada a Jerusalén, su crucifixión y su resurrección.
“Es un llamado a detenernos y pensar en cómo estamos viviendo nuestra fe”, señala el padre Mejía. “No se trata solo de asistir a misa, sino de prepararnos espiritualmente para lo que viene”.
Para muchos sampedranos, esta fecha representa una oportunidad de reconciliación, de acercarse a la Iglesia y de renovar valores en medio del ritmo acelerado de la ciudad.
A pesar de los cambios sociales y tecnológicos, el Domingo de Ramos sigue convocando a miles de personas en San Pedro Sula. Niños, jóvenes y adultos caminan con sus palmas, reflejando una fe que se adapta y permanece.
“Puede que el mundo cambie, pero estas tradiciones nos recuerdan quiénes somos”, dice María antes de entrar al templo junto a su familia.
Así, entre cantos, palmas y esperanza, la ciudad marca el inicio de una de las semanas más significativas del calendario católico.