San Pedro Sula, Cortés. Cada día, en distintos puntos de San Pedro Sula, muchas personas enfrentan dificultades para cubrir una necesidad tan básica como alimentarse.
Adultos mayores, personas en situación de calle, niños, mujeres, deportados y ciudadanos que han perdido su empleo encuentran en los comedores gratuitos un apoyo para sobrellevar la falta de ingresos y garantizar, al menos, un plato de comida.
Estos espacios funcionan con diferentes enfoques, entre ellos el Comedor Infantil Municipal “Nutriendo tu Futuro”, el Comedor Comunitario Gratuito “Robin Hood” y el Comedor Parroquial Misericordia de Dios, que atienden a personas en condiciones de vulnerabilidad o pobreza extrema.
El Comedor Infantil Municipal Nutriendo tu Futuro fue inaugurado en enero de 2026 en el barrio Las Palmas para atender a niños en situación de calle. El espacio brinda alimentación de lunes a viernes y también contempla atención integral, incluyendo servicios de salud, higiene y actividades educativas y recreativas.
Por su parte, el programa Alimentando Corazones, de la Fundación Mensajeros de la Paz Honduras, mantiene el Comedor Comunitario Robin Hood y un comedor móvil que lleva alimentos a comunidades con necesidades alimentarias en San Pedro Sula.
En el barrio Guamilito, el Comedor Parroquial Misericordia de Dios se prepara para cumplir 10 años de funcionamiento el próximo 4 de octubre. Desde que abrió sus puertas en 2016, el lugar se ha convertido en un refugio de apoyo para personas que llegan en busca de un plato de comida.
Mabel Escoto, administradora del comedor, recuerda que comenzaron atendiendo alrededor de 80 personas. Actualmente, explica, reciben entre 120 y 150 personas cada día, de lunes a viernes.
La atención comienza a las 8:00 am y termina al mediodía. Durante esas horas llegan personas con historias diferentes: “algunas viven en situación de calle, otras perdieron su empleo, mientras que también acuden adultos mayores, niños, mujeres y personas deportadas.
"Personas que anteriormente tenían un trabajo y una vida estable, han quedado sin trabajo, sin ingresos y terminan recurriendo al comedor para poder alimentarse,"explicó Escoto a Diario La Prensa.
Una de las personas que conoce esa realidad es Jorge Molina, de 65 años, quien asegura que lleva alrededor de 10 u 11 años llegando al comedor. Actualmente no tiene trabajo y cuenta que atraviesa un proceso de recuperación por problemas de azúcar, mientras recibe tratamiento en el Hospital Mario Catarino Rivas.
Jorge afirma que el alimento que recibe en el comedor representa su único tiempo de comida del día. Sin embargo, su deseo es recuperarse y volver a trabajar para poder mejorar su alimentación y sostenerse por cuenta propia.
“Yo he trabajado toda mi vida”, cuenta Jorge, quien reconoce que atravesar actualmente esta situación ha sido una de las etapas más difíciles de su vida, “mi familia me abandonó estoy enfermo y andar en la calle es lo más malo que pudo haberme pasado en la vida expresó con profunda tristeza y lágrimas en sus ojos para Diario La Prensa.
Su historia es una de las muchas que confluyen diariamente en estos espacios, donde la necesidad de alimentación puede estar relacionada con la falta de empleo, la situación de calle, la edad, la deportación o una crisis económica.
Mantener un plato servido cada día requiere, además, una red de apoyo. En el comedor Misericordia de Dios, los recursos provienen de las ofrendas de los feligreses, mientras que proveedores y personas particulares realizan donaciones de alimentos como arroz, frijoles, azúcar y otros granos básicos.
Escoto menciona que también existen empresas que colaboran de manera periódica con donaciones cada tres meses, además de otros colaboradores que prefieren ayudar de manera anónima.
No todos los alimentos llegan mediante donaciones. La carne, explica la administradora, debe comprarse con los recursos disponibles. El padre Glenis Mejía, párroco, aporta 15,000 lempiras cada 15 días para la compra de alimentos, según detalló Escoto.
El menú cambia durante la semana y busca ofrecer una porción completa. Entre los platos se incluyen espaguetis, arroz, frijoles, tortillas, chuleta y bebidas, dependiendo del día.
Aunque las donaciones permiten mantener el servicio, las necesidades continúan. Escoto señala que el comedor requiere especialmente apoyo para adquirir alimentos y cubrir los gastos que implica atender diariamente a las personas que llegan en busca de ayuda.
Por ello, hace un llamado a empresas, organizaciones y personas de buena voluntad para que se sumen con aportes económicos en su página oficial o hacer donaciones de alimentos directamente para que permitan mantener las puertas abiertas.
Tome nota
¿Cómo ayudar al Comedor Misericordia de Dios?
Con las donaciones ayudan a más personas vulnerables
Ubicación: 1 calle y 2 ave. del barrio Guamilito, contiguo al Obispado de San Pedro Sula, Cortés.
Horario de atención: Lunes a viernes de 8:00 am a 1:00 pm.
Contacto: 9618-6725 o al correo comedorparroquialmd@gmail
Detrás de cada plato servido hay una historia distinta, para algunos representa un alivio ante la falta de ingresos; para otros, la única comida del día. Y para quienes administran estos espacios, cada jornada significa encontrar la manera de que las puertas puedan volver a abrir al día siguiente.
“Hay mucha necesidad aquí en nuestra ciudad, San Pedro Sula”, señala Escoto. El llamado es a quienes puedan contribuir para que estos comedores continúen ofreciendo alimento y apoyo a las personas que diariamente llegan en busca de una comida.