Toma de posesión presidencial

Si está a la altura de las expectativas populares, su nombre, su ejemplo y trayectoria quedarán indelebles en la memoria colectiva de esta y futuras generaciones.

En ceremonia histórica, a la vez emotiva y austera, será juramentado hoy como nuevo titular del Poder Ejecutivo el ciudadano Nasry Asfura Zablah para ejercerlo durante el cuatrienio 2026-2030. Ha quedado atrás, esperando que de manera definitiva, la confrontación que enfrentó a los(as) hondureños(as) en bandos antagónicos, generando un ambiente de zozobra, incertidumbre, posibilidad que ocurriera violencia generalizada que sirviera de justificación para desconocer el resultado electoral facilitando el continuismo en el poder.

Fue gracias al heroico y patriótico comportamiento colectivo, más el respaldo de gobiernos amigos de nuestra nación, que tal posibilidad no se logró concretar, pese a los diversos intentos oficiales, combinando presiones de distinto tipo con argumentos antijurídicos, tratando de que no prevaleciera el derecho ciudadano a elegir y ser electo, de forma totalmente libre y transparente.

Retos inmensos le aguardan que requieren de altas dosis de esfuerzos inteligentes, coordinados, puntuales, inmediatos para lo cual debe rodearse y asesorarse por equipos de hombres y mujeres igualmente compenetrados de su compromiso con el pueblo hondureño y consigo mismo, poseedores de talento, capacidad e integridad.

Un gran diálogo nacional con las distintas organizaciones sociales, económicas y políticas, a fin de alcanzar consensos básicos que restauren la gobernabilidad democrática; ampliar los accesos de participación ciudadana que faciliten el contar con retroalimentaciones; acabar con la actual desconfianza y frustración colectiva con respecto a los partidos políticos; diseñar vía consenso una visión compartida de mediano y largo plazo que incluya tanto el desarrollo humano como el crecimiento económico; diseñar las estrategias a ser aplicadas para satisfacer las demandas prioritarias de los compatriotas: empleo, seguridad, salud, alimentación, vivienda, acceso al crédito; rescatar la capacidad del Estado para el diseño, ejecución y evaluación de políticas públicas eficientes; combate a los cada vez mayores niveles de pobreza e inequidad prevalecientes que generan inestabilidad y conflictividad que no se puede ignorar.

Estos son apenas algunos de los desafíos a los que debe hacer frente el mandatario y su equipo de cercanos colaboradores. Ante sí tiene la oportunidad histórica de ser considerado un estadista y no solo un gobernante más. Si está a la altura de las expectativas populares, su nombre, su ejemplo y trayectoria quedarán indelebles en la memoria colectiva de esta y futuras generaciones.

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