La cumbre Trump-Xi

El reciente encuentro entre Estados Unidos y China dejó más gestos diplomáticos que acuerdos concretos, en medio de tensiones geopolíticas, económicas y militares que siguen marcando la relación entre ambas potencias

El más reciente viaje del presidente de los Estados Unidos para entrevistarse con su contraparte china, la pasada semana, estuvo cargado de mucho protocolo ceremonial, frases de recíproco elogio entre ambos mandatarios, pero sin alcanzar acuerdos concretos respecto a las diferencias tanto geopolíticas como económicas que persisten y enfrentan la relación bilateral entre las dos superpotencias mundiales.

Irán y la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz. China es el principal comprador de petróleo iraní y en la medida que el conflicto bélico persiste, sin visos de solución definitiva, las reservas chinas del vital “oro negro” van disminuyendo, si bien su dependencia ha sido reducida impulsando el desarrollo de energías alternativas: solar y eólica, mientras Trump las minimiza para priorizar el carbón y el petróleo como fuentes energéticas.

Tanto China como Rusia proveen al Gobierno iraní de armas e inteligencia militar, en tanto Teherán los abastece de drones y misiles de fabricación local.

Cuando el presidente Trump impuso a China tarifas comerciales superiores al 100%, Xi respondió de igual manera, restringiendo la venta de minerales raros, utilizados en diversos rubros industriales vitales, incluyendo semi conductores, lo que eventualmente obligó a Washington a reconsiderar su decisión.

Beijing siempre ha considerado a la república insular como parte integral de su territorio soberano, por lo que su posición al respecto permanece invariable: la reunificación, tal como ocurrió con la excolonia británica de Hong Kong y la exposesión portuguesa de Macao, reintegradas a su jurisdicción.

El anuncio de una nueva venta de armas a Taipei, por parte de Washington, aguarda tan solo de la aprobación final del gobernante estadounidense para concretarla, acción que cuenta con el rechazo chino.

Si China con Xi o su sucesor decide invadir a Taiwán, ¿acudirá Estados Unidos a su defensa o, por el contrario, la abandonará a su suerte?

Los derechos de propiedad intelectual resultan en otro punto de desacuerdo, al igual que el espionaje industrial chino, que le ha permitido acceder a tecnologías y patentes estadounidenses en rubros tales como armas e inteligencia artificial.

Los dos países aumentan crecientemente los presupuestos destinados a un acelerado armamentismo convencional y nuclear, en desmedro de programas de contenido social.

Las ventas de químicos chinos para la elaboración de fentanilo y otras sustancias altamente adictivas a México es otro punto de fricción entre ambas repúblicas.

El narcotráfico satura al lucrativo mercado consumidor, el más grande del mundo, con diversos tipos de drogas que incrementan el número de adictos.

Ucrania es otro tema divergente. China apoya diplomáticamente la guerra desencadenada por Putin en contra de la exmiembro de la extinta Unión Soviética.

Hoy por hoy, China ha logrado alcanzar paridad estratégica con Estados Unidos, disputándose mercados, aliados, área de influencia especialmente en Asia, África y América Latina. Y tal rivalidad se proyecta al ciberespacio y el espacio sideral.

Xi propuso a Trump una “estabilidad estratégica constructiva”, que puede ser interpretada de distintas maneras.

En resumen, el más reciente encuentro entre ambos mandatarios significó mucho ruido; pero pocas nueces. Mientras tanto, en la práctica ha ocurrido una tregua en su recíproca rivalidad, que repercute, directa o indirectamente, en el mundo.

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