Días atrás, en este espacio editorial, nos referimos al estado anárquico al interior de la alcaldía de nuestra ciudad, sugiriendo que tomaran cartas en este lamentable asunto la Secretaría de Gobernación, la Asociación de Municipios de Honduras y el Sindicato, a efecto de investigar a fondo la serie de anomalías denunciadas a este medio por diversas fuentes, para, luego, encontrar, vía diálogo, soluciones de corto y mediano plazo que hicieran posible restaurar la necesaria normalidad y armonía interna, indispensables para su correcto funcionamiento.
Lamentablemente, ello no ocurrió, por lo que el ambiente enrarecido de tensiones e incertidumbres se ha incrementado, en detrimento de la prestación de múltiples servicios requeridos por la población.
Continúan las renuncias y despidos en áreas estratégicas de personal calificado para ser reemplazado -según las denuncias- por parientes y allegados del alcalde Roberto Contreras, quien, dicho sea de paso, distribuye su tiempo en dos frentes: en la comuna y en la capital, para atender su cargo al frente del partido político al que pertenece, con ello diluyendo tiempo y energías simultáneamente en una doble función, por demás incompatible con la administración del hogar común.
Aparentemente, desconoce que es un servidor público electo por mayoría de votos de las y los sampedranos, otorgándole un voto de confianza -que no está siendo correspondido por su parte- para administrar a nuestra ciudad, motor y nervio de la economía nacional.
La intensa lluvia ocurrida el pasado dos de este mes ha afectado a más de 230 familias residentes en la 13.ª calle y 9 avenida del barrio Paz Barahona, al igual que en la 20 calle, en la parte baja; también en Cabañas, Montefresco Este, el bordo de la Divina Providencia, en Chamelecón; las calles 9, 11, 12, 13, 14, 15, 27 y 33; residencial Costas del Este; colonias Valle de Sula 1 y 2. Habiendo perdido sus pertenencias, quedan ahora en condición de damnificados, cuyo predicamento requiere de la inmediata atención y solidaridad de autoridades y personas de buena voluntad, sensibles ante el dolor ajeno.
Diversas propuestas se han formulado ante lo ocurrido, entre ellas, construir lagunas de retención, reservorios o sistemas de cosecha para almacenar temporalmente el agua de lluvia, liberándola gradualmente; el sobrecargar el drenaje impacta en cualquier desarrollo urbano, sea de tipo comercial, industrial o habitacional.
El desbordamiento de canales, la acumulación de basuras y el frágil funcionamiento del drenaje pluvial se combinaron para provocar cuantiosos daños tanto a la propiedad pública como privada, evidenciando la vulnerabilidad de nuestra urbe debido a una combinación de daños provocados por la naturaleza y por la irresponsabilidad humana, que ha convertido a San Pedro Sula en un gigantesco basurero que, por toneladas, atenta contra la salud de las personas, expuestas a epidemias, y contra el ornato citadino.
Continuaremos a la expectativa de la rehabilitación de viviendas de compatriotas hoy sin techo ni abrigo, al igual que del restablecimiento del orden y la eficaz prestación de servicios por parte de la Corporación Municipal sampedrana.