Una de las formas más efectivas de fortalecer las capacidades nacionales de producción, administración y gestión en los países es a través de los procesos de adquisiciones públicas o de inversiones significativas en infraestructura. Estos procesos, cuando son diseñados de manera estratégica, no se limitan únicamente a resolver una necesidad inmediata del Estado, sino que se convierten en verdaderos motores del desarrollo nacional. La clave está en que las adquisiciones incluyan la obligatoriedad de integrar componentes de transformación local en los productos entregados o actividades de valor agregado realizadas dentro del territorio nacional.
Este tipo de disposiciones no solo garantizan la participación de empresas locales, sino que generan aprendizaje, innovación y nuevas cadenas de suministro. Si bien en algunos casos estas medidas pueden involucrar a empresas del sector público, la práctica más común y efectiva es que se establezca la obligación de trabajar con contratistas o capacidades productivas basadas en Honduras, permitiendo que el beneficio económico y técnico permanezca dentro del país. Aunque este principio aplica directamente a las compras del sector público, también resulta válido e importante para las empresas privadas.
En un mundo cada vez más globalizado, el desarrollo de capacidades nacionales -ya sea de tipo industrial u operativo- puede fortalecerse de manera significativa cuando las adquisiciones a empresas extranjeras se realizan bajo criterios de generación de valor local. Una empresa que decide privilegiar proveedores nacionales, cuando es posible, no solo cumple con una responsabilidad social, sino que mejora la competitividad de su propio sector. El fortalecimiento de capacidades internas genera encadenamientos productivos que benefician a toda la economía y reducen la dependencia de actores externos, especialmente en momentos de crisis internacionales donde las cadenas de suministro globales pueden interrumpirse.